Cuando se estrenó Tiovivo c. 1950, hace ya veintiún años, el gran crítico cinematográfico de 'ABC' Oti Rodríguez Marchante escribió entonces: «Si alguien quiere pensar que Tiovivo c. 1950 es la mejor película de Garci, tendrá motivos y argumentos para ello; en todo caso, está llena, rebosante, de esos arranques de película y desenlaces sublimes que él siempre suele buscar como espectador».
Con posterioridad, José Luis Garci (Madrid, 1944) rodaría cinco películas más, incluida la maravillosa y oscura El crack cero, pero creo que la mayoría de fans incondicionales del cineasta madrileño podríamos estar de acuerdo en que Tiovivo C. 1950 posiblemente sea su mejor obra hasta la fecha.
Para quienes no la hayan visto, creo que es posible decir algo más de ella sin tener que hacer necesariamente un 'spoiler' y arruinarles casi por completo la lectura de esta columna. Para evitar ese peligro, me limitaré a reproducir aquí la acertada sinopsis que la Academia de Cine publicó en su momento sobre este filme, añadiendo sólo un par de pistas más sobre su contenido.
«Esta película no tiene argumento. Es más bien un aguafuerte o, quizá, uno de aquellos retratos al minuto que hacían los pintores sin talento en las calles de Madrid en torno a 1950. La capital era entonces más que nunca el rompeolas de España. Un rompeolas gris, de cartillas de racionamiento, tierno y cruel a la vez, pobre hasta en sus alegrías, convaleciente (siempre con décimas al atardecer), pero también pícaro, festivo y surrealista. Un tiovivo, en fin, de supervivientes de los que, nos guste o no, somos herederos», decía la citada sinopsis.
Para contarnos esa historia, Garci opta por hacer una película de carácter coral, en la que aparecen numerosos personajes —un poco a la manera de La colmena del gran Mario Camus—, que nos son mostrados en su práctica totalidad de manera afectuosa y compasiva.
El tono general de Tiovivo c. 1950 es bastante melancólico, no sólo porque transcurre en los días previos a la Navidad en una nación sumida todavía en la posguerra española, con todo lo que ello implicaba, sino también porque la melancolía y la nostalgia son dos de las señas de identidad más reconocibles y habituales en el cine de Garci, junto con un uso de la ironía siempre inteligente y agradable.
En Tiovivo c. 1950 todo raya a una grandísima altura, empezando por la dirección y el reparto —uno de los mejores de la historia del cine español— y continuando por el guion de José Luis Garci y Horacio Valcárcel, la fotografía de Raúl Pérez Cubero, la dirección artística de Gil Parrondo, el vestuario de Lourdes de Orduña o la música de Pablo Cervantes, quien compuso un precioso pasodoble como tema central del filme.
Casi una década y media después del estreno de Tiovivo c. 1950, el excelente grupo de pop Inuk, originario de Terrassa, retomaría aquel pasodoble y le pondría su propia letra, reconvirtiéndolo en un bellísimo tema de amor adolescente.
«Se la enseñamos al autor Pablo Cervantes y le gustó mucho. Nos ayudó con el registro de los derechos y se mostró muy cercano y humilde», recordarían años después los dos componentes de Inuk, Irene Blánquez y Ricard Latorre. Ambos grabarían posteriormente una segunda versión, en forma de bachata, en el marco de su siguiente proyecto musical, el dúo LaRico, igualmente extraordinario.
«Digue'm si m'estimes./ Digue'm si tens ganes de veure'm baixar/ per aquesta escala que em porta/ a la porta entre el trànsit i tu», decía la versión de Inuk en su romántica primera estrofa, para proseguir: «Digue'm si m'estimes,/ si et poses nerviós quan em vens a buscar./ Quan aquesta tarda al passeig/ ens hem tocat els dits per error».
«Si vols anem a berenar a algun lloc,/ un lloc maco i ple de gent,/ veiem passar la ciutat./ Saludem amablement,/ però estarem lluny,/ molt lluny de tot el món», continuaba esta canción de manera luminosa, para concluir dulcemente: «Si vols anem a berenar a algun lloc,/ un lloc maco i ple de gent,/ veiem passar la ciutat./ Saludem amablement,/ i no sabrem com ho hem de fer/ per dir-nos adeu».
Cuando amamos y somos amados, o tenemos la ilusión de que pueda llegar a ser así algún día, casi todos podemos sentirnos, en cierto modo, como los adolescentes de que habla esa composición o como los adultos secretamente enamorados que aparecían en Tiovivo c. 1950, una película que pese a su tristeza, tiene uno de los finales más hermosos y esperanzados del cine de Garci.
En ese epílogo, que coincide con los títulos de crédito, aparecen de nuevo todos los personajes del filme, bailando con alegría al son del pasodoble compuesto por Cervantes. Es un final lleno de amor, hacia esos mismos personajes —de los que nosotros somos herederos directos—, hacia la música y hacia el cine, esa vida de repuesto que siempre, siempre, nos ayuda y nos redime.