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Don Cosme y doña Gloria

martes 26 de octubre de 2021, 07:00h

Hoy tenía previsto hablarles de don Cosme, pero en el transcurso de una comida con, quizás, la persona que más me influye, le voy a contraponer a doña Gloria. Ya les anuncio que los nombres son reales. Aparentemente, no hay nada que esconder; no deberían.

Don Cosme, nombre de párroco rural de la España de los cincuenta, es un señor que se ha podido permitir el lujo de no trabajar nunca. Corrijo. Se ha permitido el lujo de no trabajar nunca en nada productivo. Me gustaría ver su vida laboral. Siempre ha chupado de la teta pública. Empezó siendo un joven militante del PSOE, y actualmente ha llegado a padre de la Patria: es senador del Reino.

Personalmente, creo que don Cosme, después de la infame doña Fina Santiago, es el político más nefasto de este pequeño país en tiempos de democracia. Hago esta aseveración conscientemente y sin obviar los casos de corrupción desgraciados que hemos padecido, pero decidir sobre personas es mucho más serio que hacerlo sobre dinero.

Don Cosme es senador por elección. Ello quiere decir que los ciudadanos de Mallorca le hemos elegido para que en el Senado se bata el cobre en defensa de los intereses de este, como les he dicho, pequeño país. Ha recibido un encargo directo en unas elecciones nacionales en las que se ponen crucecitas para luchar por nosotros. La única buena noticia es que le han alejado de aquí. Como dice de sí mismo una persona a la que admiro por su bondad, y que ha sido injustamente perseguido, es una catástrofe con patas.

El padre de la Patria, la semana pasada, debía elegir su lealtad: bien al PSOE de la honorable Armengol y su jefe, el premier Sánchez, o bien al pueblo de Baleares. Don Cosme eligió servir al premier y a la señora que le debe el cargo que le da de comer. En cuanto a los ciudadanos de Baleares, pues, que no va con él; vamos, que nos vayan dando...

Yo, que simplemente soy una persona de provincias y que no entiendo muy bien estas cosas, exijo a don Cosme, a quien mensualmente le pago el sueldo junto con muchos otros, desde hace ya demasiados años, que me explique en qué beneficia a Baleares haberse opuesto con su voto a las medidas fiscales que se plantearon desde la oposición en el Senado. Necesito que me explique, que, mirándome a los ojos, me diga que no me traicionó y que se opuso por mi bien, que estaré mejor sin esas medidas que resultaron aprobadas. Le exijo también que me explique cómo se gana esos poco más de tres mil euros de base salarial (no conozco los complementos, que son unos miles más), en defensa de esta tierra.

Y ahora les voy a hablar de doña Gloria, a quien no solo no le sobra el 'doña', sino que cualquier superlativo le queda corto. Doña Gloria, a la que tengo la inmensa suerte de conocer, es una asistente social que, durante la pandemia y la crisis subsiguiente, ha estado al pie del cañón, atendiendo a los necesitados de esta ciudad. Sin horarios, y casi con dejación de sus obligaciones familiares, ejerciendo de madre coraje como es para que el máximo número de ciudadanos de Palma tuviese algo para comer cada día.

Hace unos años les dije, impresionado, cuando ganó las elecciones Lula da Silva, que su objetivo era que todos los brasileños pudieran comer tres veces al día. Gloria es nuestra Lula local. Todo eso, naturalmente, con un contrato de interina de diez años. Peonadas de 12 ó 14 horas cada día, sin cobro de horas extras, sirviendo a los demás y sin poder preparar unas oposiciones que no ha ganado, precisamente por hacer su trabajo y mucho más.

Palma necesita héroes sin capa como doña Gloria en lugar de hombrecitos que miran para sí como don Cosme, cuya mayor preocupación es repetir en la silla que calienta. Si abundasen las Glorias, Palma sería el paraíso, pero como abundan los Cosme, Palma camina hacia la ruina. Doña Gloria encarna la bondad hasta límites inimaginables y, por eso, te digo gracias, tienes mi respeto y mi especial admiración por hacer cosas que muchos no haríamos, cual don Cosme, por dinero. Y como dice el lema del Liverpool, 'never walk alone'.

Da igual cuando lo lea. Si el Almirante Hila y su chico de los recados Dalmau fuesen consecuentes, no tendrían coche oficial, sino un tándem oficial para ir por el carril bici.

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