¿Donde estuvo el dios de Andreas?

Es duro es incomprensible aceptar lo que ocurrió el pasado martes sobre el Cielo y la tierra de los Alpes franceses. El holocausto no admite excusas, ni psicológicas ni de ningún tipo. Reconozco que muchos hemos sido llamados o por lo menos tentados en algún momento de la vida, por por la “señora depresión” y hemos necesitado un tiempo de ayuda para recuperar la salud y desterrarla de nuestro territorio interior. Hemos podido comprender, las acciones de algunas personas, cuando impulsados por circunstancias duras, desagradables o trágicas, pierden el control y llegan a sucumbir a la depresión o al contagio permanente de la misma, decidiendo, en un mal momento, irse solos y en silencio. Por contra, se me hace muy difícil llegar a comprender, cómo el piloto alemán decidió inmolar con él a 150 personas y se quedó respirando tan tranquilo, por lo menos durante ocho minutos, mientras llegaba el impacto. Nos preguntamos ¿Dónde estuvo el Dios de Andreas, quién se coló en la cabina mientras salia el Capitán, quién o qué, se adueñó de los mandos del Airbus ? Seguramente que el “mal” se apropió del cerebro del copiloto. Si es así, su acción no era previsible ni por los psiquiatras, ni los psicólogos, que anteriormente le pudieron haber tratado.

Algunos pensamos que posiblemente la relajación moral que estamos viviendo pueda llegar a producir esta especie de enfermedades del alma.

No quiero hacer de moralista ni nada que se le parezca, pero, me da la impresión, que en muchas ocasiones vamos olvidando al dios de nuestra conciencia y lo sustituimos por otros supuestos valores – la mayoría tranquilizantes – que, equivocadamente, consideramos bienes y sin darnos cuenta van generando en nuestras vidas monstruos contaminantes que nos van dejando sin brújula y sin esperanza . Luego ocurren cosas y tragedias inexplicables.

Andreas decidió estrellar el Airbus. ¿Por qué lo hizo, qué le pasó qué desorden ordenó a su cerebro que actuara de aquella forma,.en qué se había convertido el copiloto, quién entro en la cabina cuando salió el Capitán Patrick, qué mal ocupó la materia gris del segundo oficial quién le robó el alma, cuando el primer oficial le pedía a gritos: !Por Dios Andreas, abre la maldita puerta por Dios te lo pido! Ningún Dios no estuvo nunca en la cabina? Seguramente que no sólo había aire y “alguien” que lo respiraba.

Dicen que Andreas había anunciado su intención de hacer algo que cambiaría el sistema y todos-dijo- “recordarán mi nombre”. En nombre de sus víctimas, quiero recordar a Andreas, que sin Dios, no hay paraíso y que su nombre, sí será conocido y recordado, pero en el infierno.

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