Ecologismo sin coherencia en Es Trenc

La imagen de una gran multitud formando una cadena humana en la playa de Es Trenc deja una de las imágenes del verano. Si, como sostienen los organizadores, la movilización congregó a 10.000 participantes, nos encontramos ante una contradicción difícil de explicar. Resulta paradójico que quienes afirman defender con la máxima firmeza uno de los espacios naturales más valiosos de Baleares, decidan concentrar precisamente allí a una multitud de semejantes dimensiones.

Es Trenc no es un escenario cualquiera. Es un parque natural cuya principal riqueza reside precisamente en su fragilidad ambiental. La conservación de sus dunas, su vegetación y sus ecosistemas exige limitar la presión humana, no multiplicarla de manera extraordinaria. Si cualquier afluencia masiva preocupa durante los meses de verano, cuesta comprender que se considere compatible con la defensa del espacio protegido una convocatoria que, de ser ciertas las cifras anunciadas —que no parecen serlo—, habría llevado hasta la playa a miles de pies pisando un entorno especialmente sensible.

Más grave todavía resulta que la jornada terminara con pintadas sobre elementos del parque. Quien ensucia un espacio natural mientras proclama que pretende protegerlo incurre en una incoherencia difícilmente justificable. El vandalismo nunca puede ampararse bajo la bandera del ecologismo. Al contrario, constituye una agresión directa contra aquello que supuestamente se pretende preservar y deslegitima, al menos en parte, el mensaje de quienes participaron de forma cívica en la convocatoria.

La movilización se ha presentado como una respuesta a una hipotética amenaza sobre la protección de Es Trenc que, sencillamente, no existe

Pero existe además un evidente trasfondo político. La movilización se ha presentado como una respuesta a una hipotética amenaza sobre la protección de Es Trenc que, sencillamente, no existe. El Govern ha reiterado de forma clara y pública que no tiene la menor intención de reducir el nivel de protección del parque natural ni de alterar su régimen jurídico. Es legítimo discrepar de las políticas ambientales del Ejecutivo autonómico, pero resulta mucho más discutible construir una gran movilización sobre un escenario que la propia Administración ha descartado de manera expresa.

La protección de Es Trenc merece consenso, serenidad y rigor. Convertir un espacio natural en un campo de batalla política no beneficia a nadie. Mucho menos cuando la propia protesta acaba generando un impacto sobre el entorno que dice defender. La mejor forma de proteger un paraje excepcional no consiste en utilizarlo como símbolo de confrontación, sino en preservarlo con responsabilidad, respeto y coherencia.

La credibilidad de cualquier reivindicación comienza, precisamente, por el ejemplo. Y los organizadores de la cadena humana del domingo en Es Trenc se han dejado buena parte de la suya en el arenal de Campos.

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