Economía imprescindible para juristas

En las facultades de Derecho se enseña a interpretar normas, a argumentar con precisión y a construir sistemas coherentes de justicia. Sin embargo, hay una dimensión que, aunque a veces se presenta como ajena, resulta imprescindible para comprender el verdadero alcance de las leyes: la economía. Porque las normas no operan en el vacío; actúan sobre personas, incentivos y recursos escasos. Como decía el ilustre economista francés J. B. Say a inicios del siglo XIX, “el 50% de las leyes intentan resolver problemas económicos”.

La primera lección que todo jurista debe interiorizar es que la economía no nació como una ciencia fría, sino como una reflexión moral sobre cómo organizar la sociedad. Desde los filósofos clásicos hasta la célebre idea de la “mano invisible”, se ha intentado explicar cómo el interés individual puede traducirse en armonía social siempre que se den algunos requisitos de orden jurídico.

Entender cómo se crea valor es otra enseñanza fundamental. La evolución desde teorías objetivas del valor hasta la síntesis moderna de oferta y demanda revela algo esencial: el valor no reside en las cosas, sino en la valoración que hacen los individuos. Este principio, aparentemente abstracto, tiene consecuencias jurídicas de enorme importancia, desde la regulación de precios hasta la protección de la competencia.

Pero quizá la aportación más relevante de la economía al Derecho sea la lógica de los incentivos. Las leyes no solo prohíben o permiten, también incentivan, desincentivan y, en ocasiones, generan efectos inesperados. Aquí emerge una advertencia crucial: las normas pueden producir consecuencias no intencionadas. Un control de precios provoca escasez; una subvención puede encarecer aquello que pretende abaratar; una regulación bienintencionada puede terminar beneficiando a quienes pretendía limitar.

El mercado, en este contexto, aparece como un mecanismo de coordinación social extraordinariamente eficaz. Basado en la propiedad privada y en el sistema de precios, permite que millones de decisiones individuales se articulen sin necesidad de una autoridad central. Frente a él, existen alternativas —órdenes, colas, racionamientos— que resultan menos eficientes y más costosas en términos sociales. Además, los mercados pueden estar sometidos a grupos de presión en busca de privilegios.

Es por ello que legislar sobre materias económicas no es sencillo. La fijación de precios máximos o mínimos, la imposición de impuestos o la concesión de subvenciones exige comprender conceptos como la elasticidad. Pues, no todos los impuestos recaen realmente sobre quienes los pagan formalmente, ni todas las ayudas benefician a sus destinatarios previstos. Diseñar o interpretar una política pública sin atender a estos elementos es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, contraproducente.

Existen, además, situaciones en las que los precios de mercado no representan adecuadamente los costes y/o los beneficios de una determinada acción. Las externalidades —como la contaminación, la salud pública o la educación— y los “bienes públicos” plantean desafíos que han sido abordados por distintas corrientes de pensamiento. Desde la intervención correctora hasta las soluciones basadas en acuerdos privados o en la gestión comunitaria, el jurista bien formado debe conocer este debate para valorar adecuadamente el papel de la Ley.

Por otra parte, resulta esencial ser conscientes de que el Estado no es un actor menor: su presupuesto representa una parte cercana al 50% de la economía. Comprender de dónde provienen los ingresos públicos, en qué se gastan y cómo se financian los déficits es esencial para cualquier profesional del Derecho. No se trata solo de cifras, sino de prioridades políticas y de equilibrios sociales.

Entre los grandes desafíos económicos, la inflación ocupa un lugar destacado. Cuando el dinero pierde valor, el sistema de precios deja de cumplir su función informativa y se erosiona la confianza en las instituciones. Para el jurista, esto no es un fenómeno abstracto, sino un factor que afecta a contratos, salarios, deudas y, en última instancia, a la estabilidad de todo el orden jurídico.

El mercado laboral, especialmente en países como España, ofrece otro campo donde Derecho y economía se entrelazan de forma inseparable. La regulación del empleo, las políticas activas, los sistemas de protección y las peculiaridades institucionales condicionan tanto la eficiencia como la equidad del sistema. Ignorar estos elementos implica renunciar a comprender uno de los principales problemas sociales de nuestro tiempo.

A ello se suma un factor cada vez más decisivo: la energía. Su seguridad, coste y sostenibilidad no solo determinan la competitividad económica, sino también la viabilidad de políticas públicas y la autonomía estratégica de los Estados, empresas y particulares. Las decisiones jurídicas en este ámbito tienen implicaciones económicas profundas y duraderas.

Finalmente, todo jurista debe enfrentarse a una pregunta ineludible: ¿qué entendemos por justicia económica? Las respuestas no son unívocas. Desde el utilitarismo, que busca maximizar el bienestar agregado, hasta las teorías que priorizan la reducción de la pobreza o la mejora de la situación de los más desfavorecidos, el debate sigue abierto. Pero lo que resulta indiscutible es que cualquier concepción de la justicia necesita apoyarse en una comprensión rigurosa de la realidad económica.

En definitiva, puede que algunos, temerosos de las aportaciones que hace la ciencia económica al apoyarse en el concepto de libertad para explicar fenómenos sociales, prefieren excluir está materia de las aulas de los futuros letrados. No obstante, se trata de una disciplina que no solo es un complemento accesorio para el jurista, sino una herramienta imprescindible. Porqué estudiar el sistema legal sin comprender los incentivos, los mercados y las restricciones es, en última instancia, ejercer a ciegas. Y nada hace más daño colectivo que la elaboración, utilización y pervivencia de malas leyes.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias