Una crisis de tiempo típica de autónomo divorciado me ha llevado hasta los límites más profundos de mi armario. Así me he encontrado con unos viejos calcetines, los del tigre atravesando el aro de fuego. Empecé a pensar entonces en todo lo que hay detrás de un tigre saltando a través de un aro de fuego. Hubo espacio en mi cabeza para la consideración. Para empezar, el tigre mismo. Pocos animales más majestuosos, gran felino salvaje, cazador poderoso, imagen de la naturaleza libre, hermoso y terrible. Hay una fuerte contradicción en un tigre saltando a través del fuego. Cómo un animal salvaje es capaz de superar su miedo, su instinto, cómo es capaz de atravesar su miedo en llamas. La otra parte de la imagen es el fuego y el aro. El fuego es la destrucción, fuerza disgregadora y purificadora. El aro lo contiene, dando forma a la prueba, dando forma al riesgo, al peligro. También permite que sea atravesado, lo contiene. De otra forma sería saltar en el fuego. Así pues, es posible superar la prueba. Puede hacerse. El tigre debe de saltar hacia el fuego mismo, hacia el peligro mismo, y atravesarlo. Por supuesto, lo consigue. Y aquí aparece un tercer elemento, atención: el tigre, por sí sólo, salvaje, jamás afrontaría semejante prueba. Es la domesticación, el entrenamiento, el que hace posible el salto. Y eso implica la pérdida de su estado salvaje, del todo libre. Y es esa pérdida la que hace posible el salto. La obediencia le permite atravesar su miedo.
Me visualizo a mí mismo victorioso en el ejercicio de semejante prueba, pero no tengo claro si puedo identificarme con el tigre; tampoco cual sería mi aro en llamas, ni reconocer de qué modo he sido domesticado, entrenado. Pero a pesar de mis cautelas, siento el poder del símbolo, de la imagen. Reconozco su efecto, su capacidad para dar significado a nuestras pequeñas luchas, ser inspiración en los combates cotidianos. Quizás sea mucho pedir, por ambicioso, imaginar que puedo ser el tigre capaz de saltar, capaz de atravesar el fuego de mis miedos, de mis barreras, mis aros en llamas, siempre orgulloso, victorioso y salvaje. Pero podemos quedarnos con algo más pequeño, ser menos avariciosos. Ortega Y Gasset en “La rebelión de las masas” escribe: “Toda vida es lucha, el esfuerzo por ser sí misma. Las dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son precisamente lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades. Si mi cuerpo no me pesase, yo no podría andar. Si la atmósfera no me oprimiese, sentiría mi cuerpo como una cosa vaga, fofa, fantasmática” Será entonces que somos tigres, sí, pero hechos para saltar a través del fuego de nuestros combates cotidianos. Que las dificultades están ahí para nosotros. Para ser superadas, vividas. Para que nos conformen. Para hacer posible nuestra realización. Así pues, no deberíamos de rehuir el salto. Tampoco quejarnos. Sé que es difícil escribir esta conclusión, pero sí: es a través del aro en llamas donde se realizan mis capacidades. Y por eso está ahí puesto. Para ser saltado.



