La escalada del precio del queroseno de aviación a raíz del conflicto en Irán supone una amenaza directa sobre uno de los pilares de la economía balear, el turismo. Cuando el combustible —que representa hasta un tercio de los costes de una aerolínea— se dispara, toda la cadena de valor se resiente. Y lo hace de forma inmediata.
El encarecimiento del petróleo, agravado por la inestabilidad en el estrecho de Ormuz, ha provocado un efecto dominó que afecta a la subida del queroseno, incrementa las tarifas aéreas y, en algunos casos, se recortan rutas. Las compañías ya han comenzado a aplicar recargos y a revisar su operativa, mientras el precio del combustible de aviación se ha llegado a duplicar desde el inicio de la guerra.
Si el queroseno se convierte en un lujo, viajar también lo será
Este escenario dibuja un verano incierto. Aunque la demanda turística se mantiene sólida, el riesgo reside en la conectividad aérea. Si volar a Baleares se encarece de forma significativa, el destino pierde competitividad frente a otros mercados. Y no se trata solo del precio final del billete, sino también de la reducción de frecuencias o de la cancelación de conexiones, como ya se ha empezado a observar en algunos destinos insulares.
La experiencia reciente demuestra que el turismo es resiliente, pero no invulnerable. La pandemia dejó claro que la conectividad aérea es un factor crítico. Hoy, esa conectividad vuelve a estar amenazada, esta vez por una crisis geopolítica que escapa al control de las autoridades locales.
Ante este contexto, resulta imprescindible anticiparse. Administraciones y sector deben activar mecanismos de apoyo, reclamar medidas compensatorias al Estado y, sobre todo, diversificar estrategias. Si el queroseno se convierte en un lujo, viajar también lo será. Y aunque este combustible derivado del petróleo se refina en España en su inmensa mayoría, lo cierto es que su precio y la seguridad del abastecimiento condiciona de forma notable la operativa.





