«El burka es una salvajada. Si somos izquierda laica de verdad, no podemos permitir que se invisibilice a las mujeres de esa manera». Así de contundente se manifestó el miércoles Rufián. Y como el burka es una salvajada, y no se puede permitir, el martes votó en contra de su prohibición. Porque la coherencia no es lo suyo, y por eso el miércoles, a la vez que pretende independizarse de España, estaba presentando una plataforma con la que quiere liderar la izquierda en España. Con Sarah Santaolalla.
La propuesta para prohibir el burka provenía de Vox, y Pachi López también votó el martes en contra porque lo considera un planteamiento «absolutamente xenófobo y racista», aunque no parece que el uso del burka esté asociado a ninguna raza en concreto. La propuesta de prohibir el burka, continuó, es fruto de una «ideología de extrema derecha» (¿y bien?), que «ha comprado el Partido Popular» y, al parecer, Rufián en los días impares. Pero, para que no se enfadaran los de Junts, que están preparando una proposición muy similar, inmediatamente añadió que esa sí se la tomarán en serio y la estudiarán con mimo.
La política siempre ha sido un asunto tribal, pero en nuestra época esto se ha llevado al límite más ridículo. Ahora es perfectamente posible que una propuesta política sea considerada razonable si la defiende la propia tribu, y racista, xenófoba y discurso del odio si la defiende la tribu de enfrente; aunque sea la misma proposición. Por eso, si queremos entender la política actual debemos asumir que no está guiada por lo razonable de los contenidos políticos, sino por filias y fobias tribales. En ese proceso, el interés hacia las personas que las tribus dicen defender (en este caso las mujeres), es fingido, pero las fobias hacia la tribu política rival son muy reales. Lo que dicen defender no es más que una bandera que enarbolan para atizar con ella al adversario.
Especialmente interesante fue la intervención de Águeda Micó, representante de Compromís, que aseguró que los representantes de Vox son unos «machistas» por pretender acabar con el burka. «Desprenden xenofobia, aporofobia (lo he tenido que mirar) y misoginia». «Así empezó Hitler en Alemania» dijo de manera un tanto confusa, pero alzando mucho el dedito. «Ustedes no saben lo que significa el concepto de feminismo», añadió con las facciones crispadas (recuerden, las fobias son reales). Y en efecto es bastante difícil de entender el feminismo que la izquierda estaba defendiendo en esos momentos en el Congreso. Pero Águeda Micó continuó: «El feminismo, señoros de Vox, no consiste en prohibir a una mujer su forma de vestir». Pero entonces ¿se creía que la propuesta está dirigida contra las mujeres? ¿Piensan que el burka es una expresión de su libertad? Pues sí, esta parecía ser la opinión general. Libertad de vestir y libertad religiosa, y por eso Pachi añadió: «nuestra Constitución habla de libertad religiosa, y para algunos y para algunas llevar el burka puede ser una expresión de la libertad religiosa». ¿Algunos y algunas? ¿Hay algunos que llevan burka, o sólo algunas? ¿No será que hay «algunos» que, usando su «libertad religiosa», deciden imponer el burka a «algunas»?
Es decir, la izquierda coincidía en denunciar que la propuesta de Vox estaba señalando a las mujeres, cuando en realidad señalaba a los hombres que imponen el burka. Es curioso que nuestras feministas de género, acostumbradas a detectar los invisibles tentáculos de un fantasmagórico patriarcado, incluso en cuestiones tan triviales como la forma de servir una Coca-Cola, no vean a un patriarcado de verdad cuando está ante sus narices. Resulta que, en España, si una chica escoge derecho en vez de ingeniería es porque una influencia machista la aleja de las carreras STEM. ¡Es el patriarcado!, denuncian inmediatamente, y lo mismo hacen si una mujer opta por una jornada parcial para cuidar a sus hijos, o si una niña prefiere una muñeca a una pistola desintegradora. Pero si una mujer se pone un burka ¡ah! entonces es un ejercicio de su libertad personal y religiosa.
En esa línea general El País aseguró que «el niqab y el burka no suponen una discriminación de género», a pesar de la evidencia de que sólo lo llevan mujeres. ¿Y la ablación de clítoris? Pues, aunque tal vez no lo crean, en La Ser, que competía por defender las libertades que el Islam proporciona a las mujeres, se llegó a afirmar que no estaba claro que pudiera prohibirse la ablación cuando la beneficiaria fuera mayor de edad. Al parecer, también la ablación es una práctica enmarcada en la libertad de las mujeres y su autonomía personal.
Hace unos días Pedro Sánchez coincidió con el gobernador de California Gavin Newson, e intercambiaron regalos. Pedro le regaló el Quijote para que, según dijo, aprendiera a luchar contra los gigantes, y así demostró que no lo ha entendido. Pero Newson le regaló El cuento de la criada, y demostró que él tampoco entiende a la izquierda española actual: es muy posible que lo consideren una utopía feminista e inclusiva.





