Estos días vi un anuncio en televisión que es realmente simpático. Se trata de un niño de cinco años que intenta salir con una niña de su edad y, pese a que la invita de mil maneras, no es aceptado. Hasta que un día se le ocurre invitarla a Mc Donald's y entonces sí. El anuncio está muy bien hecho y tiene su gracia. Pero a mí lo que me llama la atención es el mensaje final: dice que Mc Donald's es la primera cadena de restaurantes de España que obtiene la Q de calidad, distintivo que certifica a lo mejor de este tipo de establecimientos. La Q de calidad está expedida por un organismo público, que se especializa en aportar a los ciudadanos estas certificaciones que le dan una idea de dónde está entrando. Ustedes verán: yo no tengo nada contra esta cadena y, de hecho, he ido algunas veces y no me ha pasado nada, por lo menos hasta ahora. Pero si en este mundo burocrático que estamos creando, donde las normas y las regulaciones lo miden todo, podemos afirmar que la Q de calidad la tiene Mc Donald's, entonces algo nos falla. Y es algo muy grave. Porque, el colmo de la paradoja será que, seguro, cualquier restaurante de calidad de Palma sería incapaz de lograr esta certificación. ¿El ciudadano normal debe entender que nuestras autoridades, que tan bienintencionadamente han creado esta certificación, nos quieren decir que Mc Donald's es ejemplar? Yo estoy dispuesto a creerlo todo, pero no tengo previsto perder el sentido común. Por lo tanto, me atrevo a decir que aquí estamos haciendo una imbecilidad, con todos los parabienes del Estado.





