PSM y UM: tantas posturas políticas como dirigentes

Esta columna suele dedicar amplio espacio a glosar la incapacidad de los socialistas para llevar el timón de esta autonomía. Tampoco vamos cortos en críticas al Partido Popular, que no lo hace mal ni bien; simplemente no está. Pero en ese río revuelto se escapan los más impresentables, Unión Mallorquina y el Bloc nacionalista, ecologista, izquierdista, antisexista, pacifista y antimilitarista de Grosske. Ansiosos por recibir un poco de estopa, este miércoles hicieron una demostración de su insuperable incompetencia. El martes, estos dos partidos bisagra se sumaban al PP y PSOE en la firma de un acuerdo para que el ayuntamiento de Palma avale 30 millones de euros que eviten que las obras del Palacio de Congresos se paralicen. El miércoles, sólo un día después, los dos partidos se desdecían, rectificando su acuerdo del día anterior. Tal vez les entró un ataque de pánico al ver que, por primera vez en mucho tiempo, todos los políticos de Palma estaban de acuerdo en algo, y además en algo tan sensato como acabar un edificio que está a medio hacer. No debieron de dormir: ¿cómo podían haberse sumado a algo sensato? Les deben haber sonado todas las alarmas: ¿nos hemos vuelto locos y ahora vamos a actuar como gente seria? Es interesante recordar que toda la dirección de UM o la del Bloc de Palma cabe en un taxi, por lo que la incomunicación que exhiben obedece a un problema de sordera o de malicia, nunca a que no logren ponerse en contacto. El jefe de Unión Mallorquina de Palma desautorizó a su hombre en el ayuntamiento, diciendo que UM no respalda el acuerdo. El portavoz municipal de este partido, sincerándose ante los ciudadanos, dijo que el jefe de UM ha sufrido un arrebato y que esta postura se debe a su bisoñez, sugiriéndonos que no le hagamos caso, que no se entera. O sea, que no les votemos. En el caso de los nacionalistas de izquierdas, Grosske dice que las obras se tienen que acabar, pero el PSM, jefe de Grosske cuando integraba un pacto que ahora mismo no sé sabe en qué ha quedado, dice que tiene que ser el sector privado el que aporte el dinero, por lo que Grosske queda desautorizado. No se asusten, tanto el concejal como su candidato a sucederle tienen la piel dura (la cara también) y no se inmutan ante la vergonzosa actitud que exhiben. ¿Qué calificativos podemos aplicarle a este espectáculo? Baje un poco la página y llene el apartado de comentarios. Seguro que a ustedes se les ocurren valoraciones menos apasionadas que las que yo hubiera hecho de estas conductas.

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