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El Evangelio en los cuentos o La deconstrucción de Occidente

Por Gabriel Le Senne
jueves 28 de julio de 2022, 06:00h

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Aunque a quienes frecuentamos las redes sociales nos parezca imposible, aún me encuentro muchísima gente que no ha oído hablar o ignora qué es exactamente la ideología ‘woke’. Así que empecemos por ahí.

Importada, como casi todo, de Estados Unidos, la expresión alude a los ‘despiertos’, los que han tomado conciencia de que el sistema occidental es injusto y opresivo con ciertas minorías: negros, mujeres, homosexuales… Lo que se les ocurra, porque no es más que el trasunto de la división clásica marxista entre pobres y ricos (la célebre ‘lucha de clases’), a otras categorías que exprimir: raza, ‘género’, orientación sexual, y hasta especies (el ser humano, explotador del resto). Para combatir este ‘sistema opresor’ instaurado por el hombre blanco, las víctimas y sus nobles aliados deben estar permanentemente alerta, ‘woke’, con el fin de desterrar todo ‘privilegio blanco’ de la sociedad.

Con este fin desarrollan una autentica revolución cultural, nacida en las universidades (¡blancas!), teorizada por nefastos ‘intelectuales’ como Derrida, Freud, Marcuse, Gramsci, entre muchos otros, que ha conducido a derribar estatuas, cambiar nombres de calles, escuelas y hospitales, ‘cancelar’ a los discrepantes (o sea, callarlos, por las buenas o por las malas) y destrozar los planes de estudios.

Todo con el firme objetivo de ‘deconstruir’, o sea, destruir, la sociedad occidental, o sea, cristiana. Tenemos que traducir muchos términos (¡háblame en cristiano!), porque son bien conscientes de que una de las instituciones básicas a deconstruir es el lenguaje. Pensamos mediante palabras, y cambiar la forma en que hablamos, es cambiar cómo pensamos.

Veía ayer un vídeo en que un señor, creo, se indignaba por un mural que reproducía la definición de la palabra “mujer”: “ser humano adulto del sexo femenino” (traducción libre). Le parecía ofensivo porque excluía a la gente ‘trans’. ¿Entonces cómo definiría usted “mujer”? Pues… “Una mujer es una persona que se autopercibe como una mujer”, responde.

Esto, que a cualquiera con algo de sentido común le parece grotesco, sin embargo se está imponiendo a través de un esfuerzo gigantesco de lavado de cerebro masivo mediante la propaganda y el bombardeo cultural. Y dése cuenta de la enormidad: ni más ni menos que cambiar radicalmente el significado de una de las palabras más empleadas y más claras. Se fuerza también su introducción mediante normas jurídicas: ya empieza a hablarse de “personas con capacidad gestante” en lugar de “mujeres”. Porque los ‘hombres trans’ también podrían gestar, ya saben. Y no hay que ofender. Hay que estar ‘despierto’, alerta, para evitar y corregir esas ‘opresiones’. ¿Se entiende? Con la excusa de la opresión, pretenden dar la vuelta completamente (eso es una revolución) a la sociedad. Y hay un fondo de verdad en todas sus reivindicaciones, claro, pero las exageran y deducen de ellas consecuencias absolutamente desquiciadas.

Bueno, pues junto con el lenguaje, otra de las ‘instituciones’ fundamentales en la sociedad son las ‘historias’ que nos contamos. El lenguaje articula historias, porque pensamos también de manera narrativa. “Qué película te has montado”, es una frase coloquial y significativa, porque efectivamente, pensamos mediante narraciones, y las narraciones que nos transmitimos de generación en generación son particularmente importantes.

De esto se ha dado cuenta Diego Blanco Albarova, con quien comparto el entusiasmo por la obra de Tolkien, y lo explica estupendamente. Y naturalmente, se dio cuenta Tolkien, que en su ensayo sobre los cuentos de hadas explicó su importancia en las enseñanzas que transmiten a los niños, ni más ni menos que “ecos de la historia más grande jamás contada” (el Evangelio).

Diego Blanco ha publicado un libro titulado “Érase una vez el Evangelio en los cuentos”, donde explica cómo los cuentos tradicionales enseñan los fundamentos de la fe cristiana. Como también hace “El Señor de los Anillos”, la obra católica más importante del siglo XX en opinión de Blanco, que comparto. Y por eso nos están cambiando los cuentos, con que si el príncipe es machista, que si Caperucita es la menstruación, o convirtiendo al malo en bueno (Vampirina, Crepúsculo…), y ojito con lo que habrá hecho Amazon con la obra de Tolkien. La ideología ‘woke’ está omnipresente, hasta en videojuegos como Fortnite o Assassin’s Creed.

Así eliminan en los niños la base que les preparaba para el Evangelio. Por ejemplo, no necesitan ser salvados. No hace falta príncipe; basta ‘empoderarse’. Del dominio de uno mismo, al ‘sigue tus instintos’. De la prudencia ante los peligros desconocidos del bosque, al ‘sola y borracha quiero llegar a casa’. De la conciencia del mal presente en nosotros mismos y en el mundo, a la confusión y el relativismo.

¿Qué hacer? Cuidar los contenidos de los niños. ¡Y los nuestros! Estar alerta -¡despiertos!-, que Jesús lo dijo antes, y advertirles de cómo pretenden darles gato por liebre, esclavizándoles en nombre de la libertad.

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