Cada año, durante siete días, el corazón del desierto de Nevada -concretamente a 150 kilómetros (90 millas) al noreste de Reno- se convierte 'Black Rock', una efímera "ciudad" que tan solo existe durante la semana en la que tiene lugar el 'Burning Man'. "Esto es una auténtica locura que es difícil de explicar. Hay que vivirlo. Es una libertad absoluta", asegura el artista mallorquín Carles García O’Dowd, en pleno festival, a mallorcadiario.com.
"Los que vienen hasta aquí saben que las condiciones son extremas. Por eso, hay que venir equipados. Ten en cuenta, que aquí no se vende ni se compra nada. De hecho, no hay dinero en circulación. La gente regala lo que hace, desde piezas artísticas hasta ropa, clases de danza o de meditación, experiencias culinarias, masajes...", explica.
El palmesano, que el año pasado visitó el festival por primera vez "de rebote", ha dejado su huella con 'Cupola: Mater Aeterna', una instalación inmersiva de gran escala que transforma el mural narrativo en una gran bóveda. "Ha sido un reto, tanto artístico como logístico, pero ha valido la pena. De hecho, ya estoy pensando en el proyecto del próximo año", asegura.
UN AÑO DE TRABAJO
Inspirado por la arquitectura clásica y el manga futurista japonés, el artista comenta que "el proyecto nació durante el 'Burning Man' del pasado año, cuando, junto a un ingeniero, me propuse crear un espacio que no fuera cuadrado, sino inversivo, y que tuviera algo que ver con las tiendas de campaña y carpas que hay por aquí repartidas. Apenas un mes después de que acabara el festival, en octubre, ya nos pusimos a trabajar en ello".
El mallorquín comenta que "una vez presentada y aceptada la iniciativa, es la organización del 'Burning Man' la que te coloca en una parcela. En nuestro caso, somos un grupo de unas 15 personas que formamos parte de un campamento que incluye, además de mi obra, otra carpa para meditar y una tercera que es un bar".

"Desde enero hasta su instalación, dediqué todo mi tiempo al proyecto. El proceso empezó en San Francisco, donde estuve dos meses de reuniones con ingenieros. El segundo paso tuvo lugar en mi estudio de Nueva York, con el trabajo de diseño y maquetación. Luego, la pieza fue desarrollada durante más de un año y producida artesanalmente en Oaxaca (México). Acabamos tres días antes de salir para Nevada", subraya.
A PRUEBA DE TORMENTAS DE ARENA
García O'Dowd recuerda que "tuvimos que transportarla en avión en el interior de las maletas. Después, llegó el viaje por carretera hasta el desierto. Eso sí, antes nos tuvimos que parar en el 'Leroy Merlin', donde teníamos hecho un pedido con todo el material necesario para montar la pieza. La verdad es que he aprendido mucho".
Hay que recordar que 'Cupola: Mater Aeterna' adopta la forma de un domo geodésico de 11 metros de diámetro, compuesto por 22 paneles de tela impresa en blanco y negro e iluminada desde el interior mediante un sistema de luz LED. "Por suerte, la estructura pudo aguantar en pie tras la última tormenta de arena. Mi tienda, en cambio, no tuvo tanta suerte y salió volando", apunta.
En el interior, los visitantes se sumergen en un universo visual denso, poblado por los arquetipos que configuran la cosmogonía del artista: los 'Yoyos' (figuras consumistas, narcisistas, propias del norte global) y los 'Topoides' (trabajadores invisibilizados, desposeídos, migrantes del sur global). A través de estas figuras, el isleño construye una mitología que reflexiona sobre las desigualdades planetarias, la alienación digital y la desconexión contemporánea con la naturaleza.
DIFERENTES MUNDOS, MISMO ESPÍRITU
"Cada campamento es un mundo. Por ello, lo que sucede en el interior de cada estructura es cambiante", afirma el artista para luego añadir que "aunque parezca algo anárquico, está todo muy bien organizado. Además, hay mucha seguridad, personal del propio 'Burning Man' y voluntarios".
"Todo el trazado urbano está marcado con banderas. Ten en cuenta que hay carreteras de seguridad, donde, por ejemplo, tienen que pasar camiones con los baños", relata.
García O'Dowd asegura que "el público del 'Burning Man' no es el típico que te puedes encontrar en una galería de arte o en un festival musical. Es decir, le da igual si hace sol, si llueve o si hay tormentas de arena. Los 'burners' se mueven por el espíritu, no por modas. En general, la edad oscila entre los treinta y los cuarenta".
CONEXIÓN MEDITERRÁNEA
El templo central del festival, obra del arquitecto y artista valenciano Miguel Arraiz, también resistió estoicamente la fuerza de la tormenta de arena. "Coincidimos en una entrevista en Radio Nacional de España. Fue muy amable. Al acabar, nos invitó a visitar su obra", apunta el mallorquín en la alusión a la estructura que cuenta con un exterior que simula una roca y un interior creado con la tradición técnica 'de vareta'.
UNA UTOPÍA CONVERTIDA EN REALIDAD
Construida por sus participantes, la urbe es desmontada el primer lunes de septiembre, coincidiendo con el Día del Trabajador en Estados Unidos. Una utopía convertida en realidad cuya primera edición en la actual ubicación tuvo lugar en 1990, cuando se quemó una figura masculina de 12 metros de altura ante 350 asistentes.
Aquel "Hombre" no fue el primero en ser quemado. Y es que el 'Burning Man' había nacido cuatro años antes, en concreto el 22 de junio de 1986 en Baker Beach, San Francisco, como una reunión informal organizada por Larry Harvey y Jerry James, quienes hicieron arder una figura de madera de 2.5 metros de altura para marcar el fin de una relación. Este ritual inicial sentó las bases para el evento que eventualmente se trasladaría al desierto y se convertiría en el fenómeno que es hoy.