La convocatoria, prevista para este verano, pretende apoyar proyectos de economía circular ya en marcha, así como ideas “viables” que todavía no han podido desarrollarse.
Además, incluirá un tercer eje centrado en la realización de análisis sectoriales para estudiar qué materiales importan y exportan los distintos sectores productivos y qué parte de esos recursos acaba convirtiéndose en residuo.
Según explicó Viu, el objetivo es detectar residuos que puedan convertirse en recursos útiles para otras actividades y fomentar un modelo más eficiente en un territorio “finito” como Baleares.
BALEARES, UN “LABORATORIO” DE ECONOMÍA CIRCULAR
Durante su intervención en el ciclo ‘Residuos y economía circular en las islas de la Unión Europea’, organizado por la Cátedra de Insularidad de la UIB, el director general defendió que la insularidad obliga a buscar soluciones específicas.
“La logística de importar materiales para luego devolverlos nos penaliza por ser islas”, señaló.
En este sentido, definió Baleares como “un laboratorio físico de los límites” y defendió la necesidad de abrir un proceso participativo con todos los sectores implicados en la economía circular.
DE RESIDUOS A RECURSOS
Viu apostó por cambiar la percepción sobre los residuos y empezar a considerarlos materiales aprovechables.
También puso como ejemplo la reducción de residuos orgánicos enviados a vertedero desde 2019 gracias a la mejora de la recogida separada y al uso de estos materiales para producir compost y abono.
El director general subrayó además la importancia de utilizar herramientas tecnológicas y sistemas de trazabilidad para conocer el recorrido de cada residuo.
CAMBIOS CULTURALES Y BARRERAS LEGALES
El responsable autonómico consideró que el principal reto de la economía circular no es tecnológico, sino cultural.
“Tenemos que cambiar nuestra relación con las cosas, ser congruentes con lo que usamos y el uso que le damos”, afirmó.
Asimismo, señaló que una de las principales barreras regulatorias es el denominado “fin de la condición de residuo”, un procedimiento que permitiría que determinados materiales dejaran de considerarse residuos y pudieran volver al mercado como productos.
El Govern prevé realizar este año un análisis de las trabas regulatorias para evitar que la normativa dificulte el desarrollo de estos procesos.
TECNOLOGÍA Y SENTIDO COMÚN
Finalmente, Diego Viu defendió que el gran reto del siglo XXI pasa por combinar la innovación tecnológica y la trazabilidad de los residuos con la cultura del reaprovechamiento de generaciones anteriores.
Según indicó, antes no se hablaba de sostenibilidad, pero existía el hábito de reparar, guardar y reutilizar porque “desperdiciar era caro”.








