Especular con la venta y posterior recalificación del hoy derruido Lluis Sitjar ha mantenido vivo el espíritu de todos aquellos que han desfilado por el palco presidencial del Mallorca. Los proyectos se remontan al desembarco de Miguel Contestí y el rescate de las participaciones emitidas por Jaime Rosselló para construir la tribuna cubierta, muy posteriores a la suscripción de acciones del estadio que acabaron en manos del propio expresidente y algunos de sus colaboradores previa una acción judicial que acabó en una subasta de títulos ilocalizables repartidos entre unos pocos. Hay quien aún los conserva, Contesí los cedió hace tiempo al club al alcanzar un acuerdo con Mateu Alemany.
Precisamente este último, con la colaboración del doctor Beltrán, convenció a Antonio Asensio Pizarro de que era posible urbanizar la zona y aceleró el convenio con el Ayuntamiento de Joan Fageda, para aprovechar el multiusos de Son Moix en beneficio del club y deshacerse de las ataduras que imponía la calificación de Es Fortí como zona de exclusivo uso deportivo. En el mismo intentó se estrellaron más tarden VIcente Grande, el propio Alemany, el denostado Gabriel Cerdá y cuantos no entendieron que en aquel solar siempre fué incompatible un centro comercial con un campo de fútbol, según consta en varios informes de hace aproximadamente unos cinco años.
Ahora Utz Claassen, con aproximadamente un treinta por ciento de acciones de las 666 existentes, pretende rizar el rizo y plantea un intercambio puro y duro con el fin de posibilitar en Son Moix lo que no se pudo hacer en el viejo estadio. Primero anuncia su intención de voltear el terreno de juego, acción cuya ejecución determinaría una mayor superficie que la actual con destino a un futuro centro comercial. Oculta que, puestos a llegar a la obtención de dichos permisos, la Asociación de Copropietarios no se va a conformar con una permuta de pases a perpetuidad, sino que va a exigir un pequeño porcentaje del negocio.
Pero, aunque el alemán pretenda convencer a sus inversores de lo contrario, el asunto está muy verde. En primer lugar porque, tal como se ha publicado estos días, la tasación de ambas instalaciones efectuada por los técnicos difiere sustancialmente: diez millones en base a una primera estimación y doce en otra. A esto se le suma que las acciones del Lluis Sitjar en poder del club, se encuentran pignoradas por la Agencia Tributaria como garantía de los pagos que se le adeudan y por tanto no pueden ser objeto de canje sin levantar tal enajenación. En su reciente visita al Ajuntament, Claassen fue informado de que Son Moix no es una sola finca, sino que para su construcción se expropiaron cinco propiedades privadas diferentes y sin disponer del proyecto básico de lo que se quiera construir y que el actual dueño del club no supo presentar, resultaba imposible establecer una base negociadora. Por último, ya sin entrar en la consideración política que merezca privatizar unos terrenos municipales, alquilados o no, cabe el recurso que podrían plantear en defensa de sus derechos los antiguos propietarios de las fincas descritas antes de ser expropiadas.
¿Tiene todo ello algo que ver con la reciente ampliación de capital por veinte millones de euros y la entrada de nuevos socios en el accionariado del club anunciada días atrás?. Esta pregunta o, mejor dicho, su respuesta, tendrá que esperar.






