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El reciclador impenitente

Por Josep Maria Aguiló
sábado 03 de diciembre de 2022, 06:00h

Desde el día en que felizmente tomé conciencia de la importancia del reciclaje, puedo decir que soy ya otra persona. Hoy puedo afirmar, con la máxima humildad y modestia, que por fin soy un palmesano realmente ejemplar. Para que me entiendan, yo soy de los que incluso reciclan los kleenex ya usados o el cilindrito de cartón del papel higiénico.

En estos tiempos en que la palabra clave para casi todo es «sostenibilidad», creo que mi conciencia medioambiental no tiene nada que envidiar a la de Greenpeace, el GOB o el Govern. Baste decirles que, por ejemplo, hoy estoy llevando prácticamente la misma ropa que llevaba hace ya cuatro o cinco años, excluida por supuesto la ropa interior.

Los últimos amagos personales de indecisión o de flaqueza por mi parte desaparecieron ya para siempre la primera vez que vi, absolutamente sobrecogido, el anuncio de Fems basta!, con el monstruo de la basura paseando por Es Born o a punto de devorar nuestra preciosa Catedral. Todavía hoy tengo pesadillas y escalofríos por las noches.

Aun así, ser un buen reciclador no siempre resulta fácil, pues cada vez hay más colores distintos en los contenedores y además no siempre están cerca de casa. Créanme cuando les digo que hay días en que no sé muy bien dónde tirar la basura, sobre todo cuando los contenedores están llenos hasta la bandera, o mejor dicho, hasta el agujero.

Con todo, sin duda lo más positivo es que cada vez más palmesanos vamos ya por fin por el buen camino. Así, gracias a nuestro gran interés y esmero han desaparecido casi por completo las tradicionales deposiciones caninas en la calle, aunque de momento aún se nos resisten un poco las también tradicionales vomitonas de los fines de semana.

Mi preocupación y mi obsesión por estos temas ha llegado a ser tal, que he acabado descubriendo justo ahora, a mis casi sesenta años, que mi verdadera y genuina vocación no es la de escritor ni la de periodista, sino la de controlador medioambiental. De hecho, creo que ya mañana mismo iré a dejar mi currículum actualizado a la sede de Emaya.

La verdad es que me gusta imaginarme agazapado detrás de un contenedor con un bloc de multas, a la caza de algún ciudadano que haya salido a escondidas a tirar los residuos orgánicos al mediodía. Me veo apuntándole entonces con un boli y diciéndole, como hacía el gran Clint Eastwood en Impacto súbito, «anda, alégrame el día».

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