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Una cartera extraviada

viernes 02 de diciembre de 2022, 07:00h

Si usted tiene la mala suerte de extraviar su cartera en un taxi, puede olvidarse de recuperarla. Y si le pasa en Madrid, ya ni les cuento. Se lo digo por experiencia. Esta semana me desplacé a la capital por motivos laborales y cogí un taxi para trasladarme de la T4 hasta El Retiro. Trayecto agradable de 35 minutos charlando con el conductor. Cuando llegamos al destino, procedo a pagar en efectivo y tras guardar el tique en la cartera, la meto -o eso creía yo- en uno de los bolsillos de la cazadora de invierno (la que en Mallorca nunca me pongo), cojo mi bolsa de trabajo y salgo del vehículo. “Voy bien de tiempo, así que haré un café”, pienso, mientras me coloco la cazadora para protegerme de los escasos 5 grados que a esa hora marca el termómetro.

Es entonces cuando me percato de que mi cartera no está en el bolsillo donde en teoría pensaba que la había guardado tras pagar al conductor y que se ha quedado en el taxi. De repente, el frío se transforma en un sofoco. En estado de shock todavía, inicio una ronda de llamadas para intentar recuperar mi cartera. La reunión que tenía prevista pasa a un segundo plano. Lo primero que se me ocurre es llamar a Radio Taxi Madrid, creyendo, iluso de mí, que lo normal es que puedan localizar al taxista que ha realizado el servicio. Explico lo ocurrido, les digo que el tique del servicio también se ha quedado en la cartera, y la persona que me contesta me dice que solo podría ayudarme si le reporto o el número de licencia del taxi o la matrícula del vehículo. Vamos, dos datos que memorizamos todos cuando nos subimos a un taxi. Le digo, obviamente, que lo desconozco.

Le pido si no es posible dar el aviso por emisora y me dice que eso ya no funciona así. “¿Qué solución me da entonces?”, le pregunto, empezando a contener mi indignación. “Llame al 010, el teléfono del Ayuntamiento de Madrid y pregunte por objetos perdidos. Aquí no podemos ayudarle”, sentencia. La mañana empieza a adquirir un tinte preocupante.

Procedo entonces a llamar al teléfono referenciado y allí, una centralita con voz metálica e impersonal, como todas, me suelta la perorata de rigor: “Si quiere realizar trámite de empadronamiento, marque uno; si quiere realizar trámite relacionado con el IBI, marque 2; si quiere indicar una incidencia, marque 3…”. Deduzco que lo mío es una incidencia, así que no escucho más el mensaje grabado y marco el número 3 en el teclado de mi celular. Al cabo de dos minutos, me contesta un humano. Le explico lo ocurrido y me dice que ahí no pueden ayudarme, que debo escuchar el mensaje entero de la centralita sin marcar ninguna de las opciones que me da y allí me atenderán. Le pido si ella puede transferir la llamada y, por supuesto, me dice que no. La tecnología al servicio del ciudadano.

Vuelvo a llamar, aguanto el rollo de la centralita y espero a ser atendido. Mi sorpresa es que la espera se corta con otro mensaje: “Lo sentimos, pero en estos momentos no tenemos operadores que puedan atenderle. Puede realizar sus gestiones a través de la página web del ayuntamiento y bla, bla, bla”.

Se me ocurre entonces llamar a la Policía Municipal, en un último intento desesperado. La respuesta me envía de vuelta al Ayuntamiento, al departamento de objetos perdidos. “Pero si acabo de dejarme la cartera en el taxi, ¿cómo me van a ayudar en objetos perdidos?”, les pregunto. La respuesta es la misma: “Aquí no podemos hacer nada”. Así que vuelvo a contactar con el Ayuntamiento. Me espera de nuevo la centralita. Tras varios intentos frustrados, por “falta de operadores disponibles” para atender la llamada, decide ir a la web del Ayuntamiento, buscar objetos perdidos y rellenar el formulario, que envío a un correo del que no tengo muchas esperanzas en obtener una respuesta.

Asumo que he perdido la cartera con toda la documentación y que los próximos días tendré que armarme de paciencia para navegar por el proceloso mar de la tramitación administrativa. Antes, acudo a una comisaría de policía a presentar la correspondiente denuncia, que en teoría debe servirme para embarcar en el vuelo de regreso a Palma. Porque esa es otra, en unas horas tengo que subirme a un avión de regreso a la isla. No me ponen ninguna pega en Iberia. Aterrizo a las 19h en Son Sant Joan, tras mi odisea.

Aún hoy sigo sin entender cómo en pleno sigo XXI, en la era de la geolocalización, resulta imposible localizar a un taxista que está realizando un servicio público, no lo olvidemos. No sé si estoy preparado mentalmente para iniciar el camino entre ventanilla y ventanilla para renovar mis documentos, pero me conviene ponerme cuanto antes, porque no será rápido ni fácil. O igual me introduzco en el metaverso.

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