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El socarramiento de los médicos ya es una epidemia

jueves 30 de enero de 2020, 05:00h

Burnout o “estar quemado” es un vocablo de la jerga de la abogacia, que después paso al mundo del deporte y posteriormente se extrapoló, en 1974, al ámbito de la psicología para describir el desgaste y posterior huida del personal voluntario que ayudaba a los pacientes toxicomanos. Es pues un estrés que esta relacionado con el contexto laboral y que resulta del desequilibrio entre las demandas que el ejercicio profesional exige y las capacidades de afrontamiento del trabajador.

El burnout o síndrome del medico quemado es una respuesta emocional inadecuada a microestresores laborales crónicos y acumulativos, cuyos rasgos más importantes son: agotamiento físico y psicológico, actitud fría y despersonalizada en relación a los compañeros y a los usuarios e intensos sentimientos de fracaso e inadecuación personal con respecto al trabajo. Se manifiesta en forma de síntomas psicosomáticos asi como síntomas ansioso-depresivos, alto absentismo e insatisfacción laboral con deseos de abandonar el trabajo, baja autoestima, bajo rendimiento, abuso de alcohol, disfuncion familiar, mala calidad de vida, baja productividad y mala calidad en la prestación de los servicios, siendo finalmente las víctimas los ciudadanos y los usuarios.

Es pues un problema de salud pública, en el que se da el fenómeno del “iceberg”, es decir la proporción oculta de médicos afectados es mucho mayor que la que sale a la luz y es conocida. El médico tiene muchas veces dificultades para reconocerlo, ya que muchas veces lo niega o no sabe que lo padece, ya que aparece insidiosamente y evoluciona de forma paulatina muchos de ellos son diagnosticados y causan baja con diagnósticos de depresión, ansiedad o estrés.

El burnout no solo es privativo del colectivo médico ya que también afecta a los docentes, a los jueces, a los servicios sociales, al personal de las ONG y especialmente al personal que trabaja en Salut Mental.

Es decir afecta a los colectivos sobre los que se articula el estado del bienestar.

Esta enfermedad laboral que afecta del 30% al 50% de las profesiones de servicio, es un “cáncer” del sistema del bienestar público y democrático, ya que ataca a tres pilares básicos: sanidad, educación y justicia, considerándose como grupo de alto riesgo a los profesionales que trabajan en estos ámbitos. El medico (más del 50% de la atención primaria, el 30%de la especializada y con dos picos: 3-4año del MIR y a partir de los 50), se siente atrapado en el usted no puede ganar, no puede empatar pero tampoco puede abandonar el juego.

¿Cómo responder, prevenir y abordar la fatiga de la compasión del médico? Teniendo en cuenta su naturaleza multifactorial, es preciso actuando a todos los niveles, aunque los factores organizacionales deban de ser responsabilidad de las administraciones y un objetivo y exigencia prioritaria de las organizaciones sindicales, profesionales y del COMIB.

¿Por dónde empezar? Por lo mas obvio: saquemos a la luz las cifras del burnout, hagamos un mapa del burnout que permita detectar y cuantificar a los excelentes médicos “quemados”. Prioricemos la ayuda y la atención a los que ya lo padecen (de ahí la necesidad de potenciar el Plan de ayuda al medico enfermo-PAIM- del COMIB) y establezcamos programas preventivos de información y sensibilizacion.

Es necesario profundizar en la imprescindible conciliación de la vida familiar y laboral. Y también va bien a nivel personal: revisar periódicamente nuestra ITV (inspección de tácticas vitales); eliminar las relaciones toxicas del contexto habitual, realizar actividad física regular que “endorfiniza “el cerebro y se “carga” el cortisol malo; y aprender a relativizar y a contextualizar: los ideales son satisfactorios parcialmente y siempre deben de adaptarse a los hechos, a la realidad y a la propia experiencia personal.

Pero también hay que exigir a las administraciones :la generalización del salario emocional y la delimitación de cargas maximas,equilibrar productividad y calidad ,racionalización de los recursos y de los medios, negociar objetivos realistas, implementar programas de optimizacion donde se prime la suficiencia y no la maximización,incentivos justos y proporcionados con la carga de responsabilidad que conlleva la actividad medica y sistemas de promoción personal.

Se puede hacer bien de médico al 50%?¿Cuantas bajas por depresión, ansiedad y estrés de larga duracion son en realidad burnout sumergido?¿cuantos médicos que se acogen al PAIMM(programa del COMIB para ayudar a medicos enfermos),padecen burnout?¿Como prevenir factores de riesgo como: el mobbing y las agresiones?¿cuanta deshumanización conlleva el burnout?¿que relación tiene con el abuso de alcohol y otras sustancias?.Teniendo en cuenta la progresiva y creciente feminizacion de la medicina y que el burnout prevalece en el género femenino las futuras consecuencias personales, familiares y sociales pueden ser gravísimas.

El Colegio de Médicos está haciendo una grandísima labor y lidera de forma activa muchas estrategias preventivas: lidera la formación continuada acreditada(“medico formado ,médico no quemado”), que es el pilar básico de la carrera profesional, cursos de sensibilización y manejo del estrés, burnout, mobbing y sobre ha potenciado el PAIMM (muchos médicos desconocen su existencia), en colaboración con la Conselleria de Salut , con maximización progresiva de los recursos económicos y personales para seguir ”rescatando a colegas nuestros enfermos”. Recientemente ha sido pionero, en España, con la puesta en marcha de la Oficina de Segundas víctimas.

Nadie da lo que no tiene, un médico quemado ni se cuida ni cuida al paciente. Lo trágico es el impacto en la relación médico-paciente, que se deteriora por la deshumanización que conlleva.

Ya saben , aun, aquí y ahora en derrota transitoria pero nunca en doma.
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