
¿Cuál es el impacto económico más inmediato que está teniendo el conflicto de Oriente Medio en Baleares
— Sin duda, el encarecimiento de los combustibles, que implican un incremento del coste del transporte. Además, es lo que estamos viendo: cifras de incrementos del precio del Brent de un 40% y del gas de casi un 60% en estas primeras cuatro semanas. Y nosotros, que somos islas, además tenemos que tener en cuenta que hay un sobreencarecimiento debido a esta insularidad, de primera, segunda o tercera, en función de las islas.
Entonces, ¿cómo puede evolucionar ese impacto?
— Evidentemente, el impacto que puede derivar la guerra, con toda la prudencia que existe —que también es una de las variables a tener en cuenta—, dependerá de si se cronifica o no la situación. Incluso se comentaba que a Trump le quedan a la guerra dos o tres semanas, algo que ya dijo hace semanas. En función de eso, el primer impacto es el coste de los combustibles, que luego puede derivar al resto de la inflación.
¿Qué indicadores están siguiendo desde la Dirección General para medir estas consecuencias?
— Nosotros trabajamos con indicadores mensuales a nivel autonómico. El problema es que el conflicto es tan reciente que todavía no se refleja en Baleares. Por eso utilizamos unos diez u once indicadores internacionales que sí varían y nos permiten anticipar impactos: el Brent, el queroseno, indicadores de agricultura, de materiales de construcción… Además, lo combinamos con reuniones intensas con patronales y sectores afectados, que nos dan el pulso real.

¿Cómo está afectando la subida de los precios energéticos a los sectores productivos?
— Es una cascada. La vulnerabilidad energética en Europa y España sigue siendo alta, aunque España ha avanzado en renovables tras la guerra de Ucrania. Pero en Baleares seguimos dependiendo de combustibles fósiles. El encarecimiento tiene consecuencias transversales en toda la cadena productiva, especialmente en sectores intensivos y dependientes de importaciones.
El turismo es clave en Baleares. ¿Se detectan cambios?
— El turismo puede ser una balsa. Se mantiene la demanda y se prevé una buena Semana Santa. Además, Baleares es un destino seguro de corta distancia. Puede haber cambios en flujos desde Asia o Latinoamérica hacia Europa. Pero hay incertidumbre sobre el gasto: si suben transporte y alojamiento, el consumo en ocio o restauración puede resentirse.
¿Existe riesgo para la temporada alta?
— No se lo sabría decir. Depende de cómo evolucione el conflicto y de si se encarece el combustible, especialmente con el estrecho de Ormuz. Las consecuencias serían globales, no solo para Baleares. Venimos de un ciclo muy positivo, con crecimientos del 4% y una oferta turística de calidad que nos da resiliencia.
¿Qué sectores son más vulnerables?
— Agricultura, pesca, construcción e industria. Dependen de materias primas y de procesos intensivos en combustibles fósiles. Además, este conflicto ha sido abrupto, a diferencia de Ucrania, que se anticipó.
¿Cómo puede afectar al transporte?
— El encarecimiento de combustibles se trasladará al cliente final. Baleares depende totalmente del transporte aéreo y marítimo, tanto para turistas como para mercancías. Esto impacta directamente en los costes logísticos.
Sobre las medidas económicas del Govern, ¿hay preocupación por la burocracia?
— Sí, y por eso la simplificación es una prioridad. Se trabaja para que las ayudas sean ágiles y lleguen rápido a empresas y ciudadanos. No tiene sentido aprobar medidas que tarden un año en aplicarse.

¿Se contemplan nuevos paquetes de ayudas?
— Sí, porque la situación es de máxima incertidumbre. Dependerá de la evolución del conflicto y de sus efectos, incluso sobre infraestructuras o transporte marítimo.
¿Qué previsiones manejan para el crecimiento económico en 2026?
— Va a haber impacto, pero dependerá de la temporada turística. Si el gasto turístico se mantiene similar a 2025, el crecimiento será más moderado pero sin grandes desviaciones.
¿Cómo afectará a la confianza y la inversión?
— Habrá deterioro. La incertidumbre y la subida de tipos —con el Euríbor cerca del 2,6— frenan decisiones de inversión y consumo. Las empresas prefieren esperar.
¿Puede haber cambios estructurales en el modelo económico?
— Baleares es una economía muy terciarizada. El reto es mantener el peso de industria, construcción y agricultura, especialmente las empresas de alto valor añadido. También avanzar hacia independencia energética.
¿Se contempla el riesgo de desabastecimiento?
— Es un escenario extremo. Si ocurriera, sería inasumible para la economía global. Prefiero un enfoque prudente pero optimista: estas crisis también pueden abrir oportunidades, como acelerar inversiones en energías renovables o infraestructuras.








