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'Los ayuntamientos somos las únicas instituciones que estamos al lado de los ciudadanos en esta crisis'
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"Los ayuntamientos somos las únicas instituciones que estamos al lado de los ciudadanos en esta crisis"

sábado 12 de diciembre de 2020, 19:05h
Joan Rotger Seguí afronta su séptima legislatura al frente del Ayuntamiento de Selva, si bien en la anterior, la 2015-2019, solo pudo permanecer en el cargo durante el primer año de mandato. Además, ha ocupado el cargo de vicepresidente de Cultura, Patrimoni i Esports del Consell de Mallorca, entre 2011 y 2015, y ha presidido la agrupación insular de su formación política, el PP. Su larga experiencia al frente de este municipio de algo más de cuatro mil habitantes, distribuido entre cinco núcleos de población (Selva, Caimari, Moscari, Biniamar y Binibona), le convierten en un valioso testimonio para calibrar las consecuencias que a nivel sanitario, económico, social e institucional está suponiendo la crisis de la Covid 19. Firme defensor del ámbito de la municipalidad, Rotger ejerce también el cargo de vicepresidente de la Federació d'Entitats Locals de les Illes Balears (Felib).

¿En qué medida está afectando la pandemia a un municipio pequeño como Selva?

Nos está afectando extraordinariamente, y en todos los ámbitos. Para empezar, el turístico, porque a pesar de que a veces se crea lo contrario, también en los núcleos de interior existe una importante oferta en este sector. En Selva, concretamente, disponemos de 400 plazas hoteleras sumando las propuestas de turismo rural y turismo de interior, además de otras 1.700 de vivienda vacacional. Naturalmente, con la pandemia, toda esta oferta que estaba propiciando riqueza y prosperidad en el municipio se ha quedado en agua de borrajas, y eso mismo está ocurriendo con los otros sectores, tanto el de servicios como, por supuesto, el industrial.

A nivel de colectivos empresariales y profesionales, ¿cuáles están soportando las consecuencias más duras?

En Selva, predominan especialmente los autónomos y pequeños empresarios vinculados al negocio de la construcción, así como a los servicios, sin dejar de lado el repunte que se está observando en cuanto a jóvenes agricultores. No estaríamos hablando de grandes sociedades, sino, como he dicho, de emprendedores modestos que, antes de la pandemia, tenían la posibilidad de realizar obras fundamentalmente de mantenimiento. No podemos olvidarnos tampoco de la agricultura. Los cinco núcleos del municipio (Selva, Caimari, Moscari, Biniamar y Binibona) acogen una resaltable actividad en materia de producción de aceite, las tradicionales ‘tafones’, y otros productos, como la almendra. A estos agricultores les está perjudicando notablemente la suspensión de las ferias, como la de Caimari, que debía haber tenido lugar el pasado mes de noviembre.

"Todos los sectores del municipio están notando la crisis. También el turismo, porque no debemos olvidar que en Selva contamos con 400 plazas hoteleras"

Selva había ido consolidando en los últimos años una destacable oferta cultural y artística. ¿También en este caso el grado de afectación ha sido máxima?

Sin duda. El sector de la cultura es uno de los grandes perjudicados por esta situación, porque las restricciones sobre aforo y horarios le golpea muy directamente. No obstante, hay que seguir apostando por las actividades culturales, y así hemos intentado hacerlo en Selva. En agosto, por ejemplo, llevamos a cabo una iniciativa a la que denominamos ‘Quilòmetre Zero’, que conllevó la puesta en escena de espectáculos diversos a cargo de artistas locales en diferentes locales del municipio. Hoy más que nunca, es necesario apoyar el trabajo que se realiza en este ámbito, y transmitir el mensaje nítido y claro de que la cultura es segura.

La pandemia, ¿ha impedido realizar este verano las tradicionales fiestas patronales?

Al igual que otros ayuntamientos, nos hemos adaptado, como no podría ser de otra forma, a las disposiciones sobre limitación de asistentes y elección de espacios, pero, como era de prever, el resultado no ha sido el mismo que otros años. La gente, o, al menos, es la sensación que se desprende en el caso de Selva, está mostrando una actitud de cautela y prudencia ante la convocatoria de actividades que podrían conllevar la coincidencia de un determinado número de personas en un mismo recinto o espacio. Esta es una actitud a la que no me atrevería a llamar miedo, pero sí precaución, y es una reacción no solo comprensible, sino también plausible en estas circunstancias. Ahora bien, el ambiente festivo dentro de este contexto difícilmente puede aspirar a las cotas de participación y entusiasmo habituales. Aún así, en las fiestas de Selva, aprovechamos la ocasión para rendir tributo de agradecimiento a los profesionales sanitarios, cuyo compromiso y vocación de servicio nunca podremos agradecer suficientemente. Por este motivo, el pregón corrió a cargo de uno de estos profesionales, Biel Salas, que trabaja como ATS en el PAC de Selva.

"Los vecinos están colaborando, tanto los más mayores como los jóvenes. Su actitud es plausible, y no la llamaría miedo, sino prudencia"

Hablando, precisamente, de asistencia sanitaria, ¿se sienten bien cubiertos a este nivel?

En el conjunto del término municipal disponemos de cuatro centros sanitarios. Cuando irrumpió la Covid 19, el pasado mes de marzo, los responsables autonómicos ordenaron su cierre, y lo aceptamos, porque desde el Ayuntamiento entendimos que era una medida necesaria en ese contexto. Sin embargo, los meses fueron transcurriendo y, en un momento determinado, tomé la decisión, como alcalde, de consultar con la Conselleria de Salut i Consum hasta cuándo íbamos a seguir sin servicios médicos en el municipio. Me costó nada menos que 25 días tener la posibilidad de mantener una conversación con el director general del Servei de Salut, Juli Fuster. Y esa es una las principales quejas que me veo obligado a exponer como responsable municipal: la falta de información por parte del Govern. Es necesario que los médicos regresen a Selva, porque hay que tener presente que la población no solo enferma por el Covid. También hay otras patologías que atender, y más todavía en el caso de un municipio como el nuestro, donde predominan los residentes con más de 70 años de edad.

¿Y cuál es el mensaje que le transmiten desde el Servei de Salut?

Me dicen que faltan médicos, y que este déficit está asociado a situaciones diversas, como bajas, vacaciones, derivación de profesionales a la primera línea de combate contra la pandemia… Ahora bien, yo me pregunto: ¿y ha tomado cartas en el asunto el Govern para prever estas carencias? ¿Ha dispuesto la contratación de más médicos y más profesionales asistenciales? Son dudas para las que en el ámbito municipal muchas veces no obtenemos respuesta, y es que, como ya le he indicado, la información está fallando por parte de la Administración autonómica.

"Desde el Govern dicen que faltan médicos, pero me pregunto si alguien ha tomado cartas en el asunto para prever estas carencias"

Le veo muy crítico con la actuación del Govern en el ámbito de la prevención y el control del coronavirus. ¿Qué otros aspectos considera que han fallado?

A ver, una pandemia es una pandemia, se mire como se mire e independientemente del color político del gobierno al que le toque lidiar con la alarma sanitaria. Sin embargo, bajo mi punto de vista, la gestión, tanto por parte de Madrid como del Consolat de Mar, es manifiestamente mejorable, por utilizar un término suave. Ha habido demasiadas contradicciones y, por qué ocultarlo, también se han dicho mentiras. Pongamos el ejemplo de las mascarillas. En un primer momento, se transmitió a los ciudadanos el mensaje de que no eran necesarias. Y después nos enteramos de que, en realidad, el problema residía en que no había mascarillas suficientes porque la crisis sanitaria había sorprendido al Gobierno a contrapié y sin las unidades necesarias. ¿No hubiera sido mucho mejor reconocerlo desde el primer momento? Es decir, defender la utilidad de las mascarillas como método de prevención de la Covid y, al mismo tiempo, admitir que sería necesario un cierto periodo de tiempo antes de disponer de la oferta que se precisaba. En Selva, por cierto, se ha estado trabajando en este sentido, y ciudadanos del municipio han participado altruisticamente en iniciativas para fabricar mascarillas y otros materiales de protección, una buena parte de los cuales se han enviado al Hospital de Inca.

"Ha habido contradicciones en la gestión de la Covid 19, tanto en Baleares como en el Gobierno central. Y también, por qué ocultarlo, se han dicho mentiras"

Como alcalde de un municipio que, al igual que otros, se ha visto afectado por un brote de Covid, ¿ha echado en falta determinadas estrategias de control y prevención?

Sí, como, por ejemplo, las PCR. No entiendo el motivo por los que esta prueba de detección no se ha llevado a cabo de manera mucho más generalizada y con menos trabas de acceso para los usuarios. Es curioso, porque realizar una PCR conlleva un minuto de tiempo y su coste es de 13 euros. En cambio, el Govern, a través de la Central Covid, envía burofax masivos a las personas con sospecha de contagio. ¿Sabe cuánto cuesta un burofax al precio de las tarifas actuales? 30 euros. También he echado en falta una política más segura y precisa en cuanto a la llegada de pasajeros. En un territorio insular como el nuestro resultaba básico, en un contexto como el que marca una pandemia, ejercer un control efectivo sobre puertos y aeropuertos, y las noticias de que dispongo me reafirman que esto no ha estado sucediendo. Los pasajeros han seguido saliendo y entrando de Mallorca sin ningún tipo de control, y ese es un punto negativo que hay que sumar al balance del Govern de Francina Armengol en esta crisis sanitaria.

"No acabo de entender por qué no se ha apostado más por los test PCR. Y también he echado en falta una política más segura en la llegada de pasajeros"

Retomemos la cuestión sobre los efectos económicos de la pandemia. ¿Han cerrado un gran número de establecimientos comerciales en el caso del municipio de Selva?

Tras la primera oleada de la pandemia, buena parte de las tiendas optaron por abrir de nuevo sus puertas a pesar del riesgo que esta decisión conllevaba. Los propietarios de estos negocios han demostrado un gran sentido de la corresponsabilidad y la solidaridad, porque estoy convencido de que muchos de ellos obraron de esta manera no tanto por beneficio propio como, sobre todo, porque pensaron que la continuidad de la actividad comercial era positiva para cada uno de los núcleos de población de Selva. Lógicamente, no sé qué ocurrirá a partir de ahora. Depende, como es natural, de la evolución de la pandemia. Mención aparte merece el sector de la restauración. Con los años, Selva ha logrado acoger una excelente oferta de gastronomía de calidad que, por desgracia, ahora está notando sobremanera los efectos de la crisis. Esperemos que en abril la evolución epidemiológica permita que buena parte de estos establecimientos puedan reabrir sin excesivas limitaciones y que sus trabajadores sean rescatados del ERTE o de las listas del paro.

¿Y entretanto...?

Precisamente, el problema es que todos estos colectivos no están recibiendo las ayudas que necesitan. No solo eso, sino que el Gobierno central sigue subiendo impuestos, como ha ocurrido en el caso de la cuota de autónomos, y en Mallorca el Consell ha mantenido los gravámenes impositivos tal como estaban, sin realizar ningún tipo de concesión a los emprendedores que lo están pasando realmente mal y cuyos negocios no están generando ingresos actualmente. Básicamente, se ha limitado a congelar la tasa de residuos, pero, claro, todo hay que decirlo: es que ahora se producen muchos menos residuos, y este es un pequeño detalle que al Consell de Mallorca se le ha olvidado comentar.

"El Gobierno sigue subiendo impuestos, como ha hecho ahora con la cuota de autónomos. Y el Consell se ha limitado a congelar la tasa de residuos"

Y desde el Ayuntamiento de Selva, ¿qué medidas tributarias se han adoptado para prestar apoyo al tejido productivo y a la población, en general?

Por ejemplo, hemos bajado el IBI, y también, prácticamente, hemos retirado la tasa de ocupación de la vía pública, una medida de una importancia capital para los bares y restaurantes que disponen de terraza y también para los ‘firaires’ y los vendedores que trabajan en mercados. Nos hubiera gustado hacer esto mismo con la tasa de basuras, pero no ha sido posible a causa de diferentes inconvenientes técnicos, ya que la concesión de este servicio depende de la Mancomunitat del Raiguer. De hecho, si quiere que le sea totalmente sincero, pienso que las únicas administraciones que de verdad, con hechos y no con palabras, con actuaciones concretas y no con grandes discursos, estamos ayudando a vecinos, comerciantes, trabajadores y empresarios somos los ayuntamientos, el ámbito de la municipalidad. Convendría que desde otras instancias se imitara nuestro ejemplo.

"Desde el Ayuntamiento de Selva, hemos bajado el IBI y hemos retirado, prácticamente, la tasa de ocupación de la vía pública, además de ayudas sociales como las tarjetas prepagadas para comprar alimentos"

Uno de los pilares de las políticas institucionales son ahora los servicios sociales. ¿Qué actuaciones destaca en este terreno por parte del Consistorio que preside?

Estamos tratando de estar al lado de los colectivos y las familias más vulnerables con acciones muy específicas, como tarjetas prepagadas para la compra de alimentos y productos de primera necesidad, o arbitrando fórmulas para acceder a la adquisición de ropa y artículos textiles más económicas. Igualmente, estamos incidiendo en el sector de las ‘escoletes, de las que tenemos tres en el municipio, distribuidas entre Selva, Moscari y Caimari. A este respecto, hemos anulado la cuota mensual de inscripción, durante el confinamiento.

Ya que ha introducido el tema de la docencia, ¿se han detectado contagios en las escuelas del municipio?

Me alegra poder decir que no. Solo se confirmó un caso positivo en una ‘escoleta’, que afectó a una educadora, pero, afortunadamente, la transmisión del virus no afectó a otros trabajadores ni tampoco a los niños. En este sentido, la alarma más acuciante en el conjunto del término desde que apareció la pandemia ha tenido como escenario el núcleo de Caimari, con un brote de 15 diagnósticos, una cifra que en una localidad de 700 habitantes supone una incidencia ciertamente elevada. Al margen de ello, la actitud de todas las personas que viven o trabajan en Selva, Caimari, Moscari, Biniamar y Binibona se está caracterizando por un gran sentido de la responsabilidad. Así ocurre con la gente de edad más avanzada, pero también si nos circunscribimos a los jóvenes.

"Hemos detectado un único brote en el municipio, diagnosticado en Caimari, y en el ámbito docente, un contagio en una 'escoleta' que no afectó a más personas"

Entonces, ¿no han detectado un gran número de botellones o fiestas ilegales?

La verdad es que nuestros jóvenes se están comportando, y como alcalde soy el primero en agradecerles su actitud, porque soy consciente de que una situación como ésta, que conlleva un número tan elevado de restricciones y limitaciones, resulta especialmente dura para la gente que ahora tiene 15 ó 20 años, entre otras razones porque no volverá a tener esa edad y puede albergar la sensación de que se está perdiendo experiencias que otras generaciones sí han podido disfrutar con normalidad. Sin embargo, la realidad es la que es, por supuesto.

No obstante, más allá de la colaboración de la población, la aplicación de las normativas sanitarias también exigen vigilancia. ¿Cómo se las arreglan con un Cuerpo de Policía Local que dispone de pocos efectivos?

Este es uno de los grandes debates que desde los ayuntamientos estamos intentando potenciar porque, realmente, la situación es muy grave. Le explicaré el caso concreto de Selva: el 14 de marzo, el día en que se declaró el Estado de Alarma, el municipio contaba con cuatro agentes de Policía Local. ¿Sabe cuántos tenemos ahora mismo en activo? Uno. ¿Qué ha ocurrido? Pues, simplemente, que ha habido que atender peticiones de traslados a otros municipios y, por supuesto, se han producido bajas por jubilación. Conscientes de que ya antes de la pandemia la situación a nivel de seguridad ciudadana requería tomar decisiones inmediatas, derivamos al EBAP (Escola Balear d’Administració Pública), dependiente del Govern balear, la convocatoria de un concurso de méritos para convocar plazas de agentes de Policía Local. Sin embargo, el trámite burocrático exige un periodo de un año. Afortunadamente, hemos llegado a acuerdos con otras fuerzas de seguridad y contamos con la inestimable ayuda de la Guardia Civil y también con la colaboración de policías locales de municipios vecinos para compartir esfuerzos y recursos.

"El problema de la Policía Local es grave. Falta coordinación y legislación, y los ayuntamientos nos quitamos los agentes los unos a los otros"

¿Y qué alternativas existen?

La alternativa es dotar al departamento de plazas interinas, pero, aunque la Administración autonómica acepta esta posibilidad, exige que antes se lleve a efecto la modificación de la ley de coordinación de policías locales, cuya elaboración resulta también farragosa, ya que ha de pasar necesariamente por el Parlament. Y aquí no acaba la cosa: los agentes finalmente seleccionados como funcionarios han de participar posteriormente en un curso de capacitación que les faculte para realizar su labor policial. Durante este curso, el Ayuntamiento asume el coste de la nómina. Y, además, se ha de esperar otro paréntesis de tiempo de medio año, aproximadamente, para que el agente se incorpore al municipio. La Policía Local es uno de los grandes déficits de los municipios, precisamente por la falta de efectivos y la dificultad para conseguirlos. De hecho, puedo asegurarle que cualquier candidato a integrarse en un Cuerpo policial de un ayuntamiento que dispone ya del curso de capacitación del que le hablaba anteriormente, obtendrá trabajo con un cien por cien de seguridad. Otro problema es que, dado el déficit de policías locales, los ayuntamientos se dedican a ‘quitarse’ los agentes unos a otros, poniendo sobre la mesa de los aspirantes unas mejores condiciones salariales. Y todo ello en una coyuntura que se caracteriza por la congelación de los sueldos públicos.

El municipalismo, en Baleares, cuenta con su propio órgano de representación, la Felib, de la que usted, precisamente, es vicepresidente. ¿No está siendo posible articular un diálogo fluido con el Govern para resolver estos problemas?

El objetivo que proporciona sentido a la existencia de la Felib es, desde luego, la defensa de los intereses en el ámbito de los municipios y las entidades locales. Por el contrario, su propósito no ha de ser solamente el de actuar como correa de transmisión del Govern. A resultas de la crisis sanitaria, hemos mantenido, desde la Felib, numerosas reuniones con la presidenta Armengol, y la conclusión que me he formado tras estos encuentros es que la jefa del Ejecutivo está obsesionada con trasladar a la opinión pública la imagen del consenso. Es decir, que cada una de las medidas que se aprueban y se articulan surgen del apoyo explícito de todas las partes implicadas. Debo decir, sin embargo, que no siempre es así, y que en algunos casos no se ha logrado la unanimidad de los ayuntamientos ante una determinada propuesta. Pongamos el ejemplo del Plan Reactiva. A algunos gobiernos locales no nos parece bien que tengamos que aportar una tercera parte de los fondos de este plan, y, de hecho, esta actuación se anunció en su momento sin contar con la adhesión de muchos municipios, ya que, de hecho, todavía no se había llevado a cabo por entonces la flexibilización de la regla de gasto.

"La Felib no ha de convertirse tan solo en una correa de transmisión del Govern, sino que ha de defender los intereses de ayuntamientos y entidades locales"

El Plan Reactiva es una de las grandes apuestas para aspirar a un cierto nivel de recuperación económica. ¿Hay otros aspectos con los que no comulga?

Sin ir más lejos, no me parece acertado que solo se pueda financiar un máximo de ocho proyectos, habida cuenta de que el municipio aporta una tercera parte de estos fondos. En Selva, como ya he indicado, buena parte del tejido productivo tiene que ver con pequeños empresarios y autónomos cuyas posibilidades no les permiten tener acceso a actuaciones tan ambiciosas y costosas. Hubiera sido mucho más plausible que los fondos se dividieran en obras de menor formato, susceptibles de que carpinteros, yeseros o fontaneros que encabezan un modesto negocio familiar pudieran tenerlas a su alcance.

"Armengol está obsesionada con transmitir la idea del consenso. Puedo asegurar que en el caso de los ayuntamientos no siempre es así"

Para terminar, y ya que antes ha citado la regla de gasto, imaginamos que esta medida ha supuesto un alivio para los ayuntamientos…

Persisten muchas contradicciones e incoherencias en este tema, como, por ejemplo, que no existe una normativa específica que actúe como hoja de ruta. Hay una declaración del Gobierno central, pero nada más, y ello implica que los consistorios actuemos con una relativa incertidumbre. Por otra parte, desde Baleares, la presidenta Armengol no ayudó absolutamente en nada a que esta cuestión pudiera desbloquearse. Más bien, se puso de perfil, y aunque al final esta petición haya salido adelante, es mi obligación, como alcalde de un pequeño municipio, recordárselo. Y más aún cuando la caída del PIB balear es la más grave de toda España debido a la dependencia al sector del turismo y los servicios.

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