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El policía mallorquín que evitó una masacre de ETA en 1985: 'Ya no hay atentados pero sí odio'
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El policía mallorquín que evitó una masacre de ETA en 1985: "Ya no hay atentados pero sí odio"

martes 14 de julio de 2020, 10:09h

Empezó hace 42 años en actividades operativas y ha dicho adiós en actividades operativas. La calle siempre ha sido lo suyo: los ciudadanos, la resolución eficiente de situaciones tensas, la anticipación al conflicto para evitar un problema mayor, la capacidad de diálogo y negociación. Mucha mano izquierda, mucha apuesta por el trabajo en equipo y sobre todo, mucha vocación. El Jefe de la UPR Jaume Bergas, natural de Santa Margalida y con diez años de trayectoria profesional en el País Vasco más convulso, se ha jubilado y con ello, la Jefatura de Policía Nacional de Baleares ha perdido uno de sus mejores (y más queridos) activos. mallorcadiario.com se sienta con él para charlar de sus cuatro décadas de experiencia. "He sido feliz", resume con su genuina sonrisa.

Antes de nada, ¿Jaime o Jaume? Se lo digo porque es usted uno de los policías nacionales más mallorquines que existe...

Y es curioso porque aquí ha habido mallorquines y catalanes que me han llamado foraster al ver mi uniforme pero cuando les he contestado en mallorquín, se han quedado cortados.

¿Ha notado evolución en el asunto del catalán y la Policía?¿Cree que se ha superado lo de la integración?

Ha habido una evolución positiva. Yo estudié en castellano aunque en casa siempre hemos hablado en mallorquín así que siempre me he desenvuelto en ambas lenguas sin problema. Yo creo que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen que respetar y promover las lenguas oficiales de cada comunidad, en este caso, el castellano y el catalán. Incluso yo añadiría el inglés y el alemán dado el carácter turístico de la comunidad, todo suma de cara a una buena atención al ciudadano. Sin embargo, lo que no apruebo es la imposición. Lo importante es comunicarnos con el ciudadano que nos requiere y darle una solución efectiva, si es posible en su idioma. Animo a que se estudie y se hable el catalá, pero no mediante la imposición y el desprecio a quienes no lo hablan.

"Soy mallorquín y español, me desenvuelvo en ambas lenguas y quiero que se promueva el catalán: pero nunca imponiéndolo"

42 años en la Policía Nacional dan para mucho. ¿Cuál es el balance?

Extraordinario. Puedo decir que he sido muy feliz. Siempre quise ser policía, siempre fue mi ilusión, y desde el primer día he estado en actividades operativas. Calle, calle, calle.

Su carácter y sus maneras le han ayudado, todos los que le conocen dicen que es un mediador nato.

Es algo muy necesario en esta profesión. Yo lo aprendí de los excelentes jefes que tuve en los primeros años en el País Vasco. Fue una etapa en la que había atentados, manifestaciones multitudinarias cada día, el impuesto revolucionario... Lo vi y lo viví en mis propias carnes y en las de mis compañeros.

"He tenido unos jefes excelentes que desde el primer día, ya en País Vasco, me enseñaron que el equipo lo era todo"

Estuvo una década en el País Vasco de la ETA dura. ¿Pasó miedo?

Miedo no, miedo se tiene a lo desconocido o a lo imprevisible. Si voy por el campo de noche, tengo miedo de caerme a un pozo, por ejemplo. Sin embargo, de lo que puedo ver, conozco, estudio y ya estoy prevenido, no. De hecho, en el País Vasco me sentí muy protegido por el equipo. Para mí, el equipo lo es todo. Así me lo enseñaron y así he intentado transmitirlo yo a los demás.

Pero vivió alguna situación de alto riesgo...

Sí. Poca gente de Mallorca lo sabe pero el General Inspector de la Policía me felicitó por una actuación en Mendizorroza en 1985. Fui el responsable de la intervención directa en la localización de un coche bomba con 25 kilos de Goma 2, cien kilos de tornillería más el coche. Fui yo quien habló con un ciudadano clave en el aborto de aquel atentado, el que le llevó ante los superiores. Supe que algo no iba bien, y en efecto, todo estaba preparado para atentar contra tres furgonetas de compañeros. Si hubiese estallado a la entrada o salida del estadio habría sido una masacre. Luego, la brigada de Información y los Tedax hicieron su trabajo y desactivaron la bomba. Es la prueba de que el buen trabajo siempre sale en equipo: en la Policía no valen los individualismos.

Luego, además, también viví quema de banderas, estuve en ikastolas, corrí con ellos cuando venían las UIPs... Fueron años intensos. Yo logré pasar desapercibido porque iba solo y mi acento tampoco me delataba.

"Vi quemar banderas, estuve en ikastolas, corrí delante de los UIPs cuando iba de paisano... Logré pasar desapercibido. Fueron años intensos"

¿Cómo ve ahora al País Vasco? ¿Ha cambiado mucho desde que lo dejó?

Sí y no. De lo que yo ví y viví con ETA sí hay diferencia. Los atentados, el impuesto revolucionario (en un control pillamos cinco millones de pesetas), revisar los bajos del coche, ir con mil ojos... Todo aquello ya no está. Sin embargo, el odio por parte de algunos grupos radicales sigue existiendo. En según qué sitios no puedes decir que te dedicas a ésto, por tanto, no se puede decir que haya normalidad. Yo he vivido lo de que te girasen la cara si les hablabas en castellano, algo increíble. No obstante, he de decir que por mi tendencia a moverme solo y mi habla, siempre pasé desapercibido.

Volvamos a Mallorca. Ha pasado por diferentes unidades pero la última, durante 18 años, ha sido la Unidad de Prevención y Reacción (UPR). Con ella ha estado en todos los puntos calientes posibles: manifestaciones independentistas, de la llengua, 15M, desahucios, declaraciones de Urdangarin, Matas, Munar... ¿Cómo se sale vivo de todo ésto?

Teniendo una visión clara de lo que tienes y de lo que puedes hacer. La regla es: proporcionalidad, congruencia y oportunidad. Y diré algo con lo que hay que contar cuando acudes a una manifestación: algunos sectores, especialmente los de izquierdas, saben llegar al límite, otros no tensan tanto la cuerda.

En Son Banya también ha actuado en infinidad de ocasiones.

Sí, recuerdo que cuando regresé negociábamos con el Tío Kiko desde un coche robado hasta un detenido. Eran otros tiempos, incluso otros valores. Ahora hay muchos puntos de droga. No obstante, hay que destacar el importante trabajo que se ha hecho en Son Banya, minimizando al máximo la violencia que había. Se tiende a pensar sólo en la droga pero ahí había muchos problemas por armas de fuego, armas blancas, etc.

"La regla para gestionar bien una situación es proporcionalidad, congruencia y oportunidad"

¿Lle parece bien el desmantelamiento del poblado?

Sí. Es complicado desde el punto de visto del presente porque te asaltan las dudas de dónde irán sus habitantes, pero pensemos en los niños de hoy: si no se desmontaba ese supermercado, el tanto por ciento de ellos que acaben en la droga de mayores, lo tendrían mucho más fácil para conseguir las sustancias. El drogadicto es un enfermo y hay que ayudarle. ¿Cómo? No poniéndoselo fácil con un supermercado de la droga.

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En sus años de experiencia también ha lidiado con el aspecto turístico. Habrá visto de todo. ¿Cuál es su percepción?

Como bien dice, hay de todo. El alemán, por ejemplo, es responsable y colaborador, otros no tanto. Lo que sí tengo claro es que no se debe aceptar ese concepto de que Baleares lidera la tasa de criminalidad de España porque es una interpretación errónea. No se tiene en cuenta la población flotante, que es la clave. No es lo mismo el invierno que el verano, el número de denuncias se dispara por el efecto turístico. Esta temporada, que es atípica, es el ejemplo: no hay claveleras, trileros, descuideros...Todas esas bandas organizadas que vienen a hacer el verano y luego se van a Canarias, no están.

En cualquier caso, lo que hay que destacar es que Mallorca es un destino seguro y que aquí los turistas son bienvenidos. Todos, directa o indirectamente, vivimos del turismo. Incluso la Policía, si no funcionase esta industria, con la mitad de plantilla bastaría.

"Desmantelar Son Banya ha sido un acierto: pensemos en los niños de hoy que mañana puedan acabar drogándose. Es mejor que no tengan a mano un supermercado de la droga"

Este año no ha habido fiestas de Sant Joan por el coronavirus pero de haberse celebrado, la UPR habría estado ahí como cada año. No debe ser fácil controlar a miles de jóvenes alcoholizados y con tantas ganas de juerga.

No, no lo es. Tenemos que mediar para que la fiesta sea fiesta pero que ésta no acabe en desórdenes públicos y no siempre es fácil. Es intenso pero nuestros efectivos siempre responden: si hace falta trabajar cinco o seis noches seguidas, se hace. Luego, también hay situaciones especialmente duras como las de Sant Llorenç, lugar al que nos trasladamos a primera hora y en la que todos se ofrecieron voluntarios para extender el turno. Hay que ser fuerte porque en la UPR se viven momentos muy duros, y no nos olvidemos: también nosotros somos personas. Cuando vamos a un desahucio también lo sufrimos, igual más que los que están ahí pegando gritos y no saben ni por qué.

¿Cómo ha cambiado la Policía desde que entró?

Ha cambiado muchísimo y para mejor. Cuando accedí en el año 78, lo de saberse el Código Penal era impensable. La Policía nacional y la Armada eran más militares, más de orden público -al margen del cuerpo general y del cuerpo superior. Después, tras la unificación, la Policía se ha nutrido con perfiles mucho más formados, con más titulaciones, idiomas. Yo mismo, en la UPR, he visto a oficiales licenciados en Derecho con dos idiomas y una gran experiencia o un policía que es profesor.

Todo eso es fundamental, sólo que después hay que añadirle la operatividad y la capacidad de trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo.

"La Policía Nacional ha cambiado mucho en todos estos años, para mejor"

Y decía antes, trabajo en equipo y no personalismos.

Sí, la única clave para ser un buen policía es trabajar y siempre mirar por el equipo. En los Zetas, en la UPR, en todas las unidades, ese es el camino porque el ciudadano necesita una solución eficaz y eficiente. No puede haber una segunda victimización porque la cadena de eslabones no funciona bien.

Yo ya en Vitoria estaba en brigadas móviles desde el primer día, estuve en el Peral de Ocaña en los dos meses más conflictivos, y eramos grupos de 45 ersonas con equipos de cinco-seis. Siemopre he estado aoprendiendo de los demas, de los más veterenaos. Es lo que siempre he aprneido e intentado enseñar a los alumnos.

"Espino es un señor, un hombre con grandes conocimientos y buen trato. Y Santafé es mi maestro y mi guía. Todo lo que es hoy la UPR, es gracias a él"

Si le digo Gonzalo Espino, Jefe Superior, y José Luis Santafé, jefe regional operativo ('número dos'), ¿qué me contesta?

Sólo cosas buenas. (Sonríe) Con el Jefe Superior, basta hablar y verle para saber que es un señor. Me recuerda a Elicio Àmez en muchas cuestiones: un hombre comprensivo, con grandes conocimientos, que tiene una visión clara de lo que hay que hacer y cómo. Con la Guardia Civil es un diez, con la Policía Local, también. Ha sabido desarrollar esa idea de que la seguridad de Baleares es integral y para ello, hay que saber tender puentes entre instituciones, manteniendo siempre el equilibrio. Ésto, cuando yo entré en la Policía hace cuatro décadas no era así. Había más autoritarismo, más orden y mando.

Y sobre Santafé, decir que ha sido mi maestro y mi guía. Es un gran líder, capaz de ver la solución según enfrenta el problema, tiene una actitud muy positiva en el momento oprtuno. Y luego, una cuestión fundamental: sabe involucrar a todo el equipo. Para ser un buen jefe no basta mandar: hay que mandar bien. Yo, que he dirigido la UPR durante tantos años, puedo decir que todo lo que esa unidad es hoy, es gracias a Santafé. Y de hecho, también creo -y así se lo dije una vez-, el comisario que es hoy, es también gracias a la UPR. Hemos vivido mucho juntos.

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