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Érase una vez un autómata

martes 14 de diciembre de 2021, 17:15h

Corren malos tiempos para el pensamiento crítico. La irrupción las nuevas tecnologías en los medios de comunicación de masas han traído consigo una visión acrítica del mundo. El ciudadano del futuro ―y del presente― se ha convertido en presa de sí mismo. Siguiendo las leyes de una economía basada en el consumo, se le sugiere lo que debe desear, en un proceso donde, inconscientemente, recibe y asume proposiciones sin plantearse cuestionarlas. Un ciudadano que no tiene conciencia propia como parte de un grupo social caracterizado

Los patrones de personalidad se reproducen como si de fotocopias se tratasen, en una realidad que parece haber muerto para dejar paso al ilusionismo hipnótico de lo digital. La pasividad y el temor a salirse de lo establecido hacen que vivamos en una época paradójica: detrás de un supuesto individualismo se esconde un temor a ser diferente. Dudar de algo es lo que mantiene vivo al pensamiento. Y, actualmente, el escepticismo brilla por su ausencia.

Parece que lo superficial le ha ganado la batalla a lo transcendental. También el corto plazo al largo plazo. Y lo fugaz a lo permanente. En tiempos de carpe diem, el afán por lo inmediato hace que nos hayamos olvidado de ir más allá, con todas las consecuencias que ello conlleva. La esencia que hace al ser humano único se esfuma poco a poco, esa que nos hace diferente a todos entre nosotros. Un grupo heterogéneo que está cada vez más cerca de ser homogeneizado.

Domingo Caro Alcón

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