La semana pasada el juez Castro dictó un auto por el que abría juicio oral contra Matas y otras personas por el caso de unas operaciones con un conocido periodista de Palma, aunque algunas partes dicen que aún no se han visto muchas pruebas que pretendían aportar. Al día siguiente en el Juzgado se dan cuenta de que no le han tomado declaración a Matas sobre el asunto y que un acusado, parece, debe como mínimo haber podido dar su versión sobre lo sucedido. Así que se anula de urgencia la apertura de juicio oral y se convoca de urgencia a Matas para este lunes a las 9 de la mañana. Pero su abogado dice que esto no puede ser, que necesita un poco de tiempo para venir y, además, otros de los acusados dicen que sus abogados no fueron informados con tiempo para poder asistir y que si no asisten no pueden defenderse. El domingo, el juez atendió a la petición y ha aplazado la comparecencia de Matas. Así, nuevamente, el asunto va a quedar parado unos días. Todo esto suscita y recuerda que cuando se abordan cuestiones de esta naturaleza, tan delicadas, en las que está en juego la credibilidad de la Justicia, es necesario ser extremadamente rigurosos. Aquí no sólo está el peligro de que un inocente pueda ser condenado (por el juez o por la sociedad) sino que un culpable pueda pasar como inocente, debido a todas las chapuzas que se van acumulando en la instrucción. Yo creo que deberíamos olvidarnos de mayo y hacer las cosas bien y con calma.





