El archipiélago balear tiene ahora 219 razones gastronómicas para explorar. La Guía Repsol acaba de incorporar 16 establecimientos de Mallorca, Menorca e Ibiza a su lista de Soletes —el reconocimiento amarillo que cada año agrupa bares, restaurantes, vinotecas y terrazas con personalidad propia— en una edición que suma más de 300 nuevos seleccionados en toda España y que, por primera vez, extiende su mapa a Andorra.
MALLORCA: DEL INTERIOR AL LITORAL
Los seleccionados mallorquines dibujan una ruta que va mucho más allá de Palma. En la capital, tres apuestas de perfiles bien distintos: Blat al Sac, Gibson Bar y Rita. Fuera del cinturón urbano, la guía mira hacia el interior: Ca S'Arquitecte, en Sencelles; Nu, en Montuïri; y Sa Font Fresca, en Deià —pueblo donde el turismo cultural y la buena mesa llevan décadas conviviendo con una naturalidad que pocas localidades de la isla pueden imitar—. En el litoral, Cala Fornells, en Peguera, cierra una selección que cruza la isla de lado a lado.
Siete establecimientos que, lejos de concentrarse en los focos habituales, apuntan a un cambio de tendencia: la cocina de proximidad, los productos locales y los espacios con historia propia ganan terreno frente a la oferta más estandarizada del litoral.
MENORCA E IBIZA, CON PESO PROPIO
Menorca coloca cinco establecimientos en la lista. En Maó, Bar Marcelino (Can Vermut) y Vida Una; en Ciutadella, Imperi y Primitiu; y en Ferreries, Perbacco —localidad del interior que pocas guías suelen mirar con atención y que aquí se gana su espacio sin aspavientos—. Cinco seleccionados que cubren la isla de este a oeste y que refuerzan la imagen de una Menorca gastronómicamente más interesante de lo que su perfil turístico suele sugerir.
En Ibiza, cuatro incorporaciones: Can Mestre y Es Timbal, ambos en Sant Josep de Sa Talaia; S.Marí, en Sant Antoni de Portmany; y Soleà, en Santa Eulària des Riu. Una selección que amplía la representación de la isla más allá del eje Eivissa-Ibiza Town y que devuelve visibilidad a municipios con vida gastronómica propia.
Con estas incorporaciones, el archipiélago alcanza los 219 Soletes, una cifra que consolida a Baleares como uno de los territorios con mayor densidad de reconocimientos en la guía.
QUÉ SIGNIFICA UN SOLETE
El distintivo amarillo de Repsol no persigue la alta cocina. Su lógica es otra: identificar lugares donde comer o beber merece la pena por razones que van desde la calidad del producto hasta el carácter del espacio, pasando por el precio razonable o la singularidad del entorno. Una terraza con vistas, una vinoteca en un sótano centenario, una casa de comidas donde el arroz se hace como hace cuarenta años. Eso es un Solete.
En la decimocuarta edición, la guía supera por primera vez los 5.000 establecimientos reconocidos a nivel nacional. Entre los más de 300 nuevos seleccionados en España aparecen desde restaurantes de cocina tradicional dentro de parques naturales hasta bares con rareza propia en cascos históricos. La variedad es, precisamente, el criterio.
La apuesta de esta edición tiene una lectura clara: hay vida gastronómica fuera de las capitales, fuera de los puertos deportivos y fuera de los restaurantes con mantel. Y la Guía Repsol, al menos en este ciclo, parece empeñada en demostrarlo.





