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Gurús intervencionistas de Baleares

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 14 de septiembre de 2021, 03:00h

La gran contribución de Adam Smith fue percibir, por vez primera, que la actividad económica y comercial, no es un juego de suma cero, en la que lo que unos ganan otros lo pierden, sino una acción en la que todos mejoran. Pues, con cada transacción, gana la parte que vende y también la compra. Esta es la esencia de lo que, con el tiempo, se denominaría “crecimiento económico”. Una idea simple, pero auténticamente revolucionaria, que plasmó en su célebre parábola de la mano invisible. Una mano que transformaba la búsqueda del interés personal en un beneficio social colectivo.

Ciertamente, cuando se produce crecimiento económico, todos los miembros de la sociedad pueden mejorar su posición, sin necesidad de que otros la tengan que empeorar. O, dicho de otra manera, la armonía entre los diferentes miembros de la sociedad es perfectamente posible cuando se produce riqueza. Motivo por el cual los conflictos, incluidos los bélicos, desaparecen o disminuyen en las economías que prosperan. Y a sensu contrario las contiendas suelen ir precedidas de etapas de estancamiento o decrecimiento.

Sin embargo, los socialistas, los comunistas y demás intervencionistas, siempre han interpretado la economía como una lucha entre grupos antagónicos. Nunca han aceptado la armoniosa mano invisible de Smith, prefiriendo la teoría de la lucha de clases o de naciones. Para ellos el mundo está dividido, como mínimo, en dos: explotadores y explotados, patronos y obreros, ricos y pobres, casta y plebe, oligarquía y descamisados, nacionales y forasteros, etc. Así, para que los peor situados puedan mejorar consideran imprescindible acabar con el grupo social antagónico.

Evidentemente, está última maniquea visión de la sociedad no comprende la importancia del crecimiento económico. Y, probablemente, muchos de los errores que cometen cuando gobiernan están entroncados con este básico fundamento de su doctrina. De esta forma, su gestión del poder político suele conllevar incrementos de desempleo por la reducción de la actividad productiva, con aumentos de los colectivos desfavorecidos.

Ahora, algunos gurús económicos del intervencionismo balear se muestran totalmente desorientados ante el éxito económico de la Comunidad de Madrid, con su combinación de mejora evidente de los servicios públicos y contención fiscal. La presidenta Ayuso está culminando un proceso, iniciado hace muchos años por sus predecesores, por el cual el crecimiento de la región compensa, con creces, su moderación fiscal. Poniendo blanco sobre negro el error económico de base de los intervencionistas. No encuentran consuelo ni en los gruesos libros de Piketty.

Efectivamente, es su necesidad de dividir el mundo entre categorías sociales inamovibles la que les impide considerar los grandes efectos transformadores del crecimiento económico que cambia el concepto del reparto. Cuando la tarta crece, quizás es más difícil calcular cortes iguales, pero, en cualquier caso, probablemente todos serán más grandes.

Lo mejor de la España de las autonomías es que hace perfectamente compatibles, y sobre todo comparables, los dos diferentes modelos de gestión económica y, por tanto, social. Uno en donde el crecimiento smithiano se favorece mediante mayores dosis de libertad, y otro en donde, justamente, se rechaza la libertad económica por pretender un dirigismo gubernamental.

Si la Comunidad de Madrid consigue continuar en esta línea, sirviendo de modelo a quien lo quiera seguir, los gurús intervencionistas baleares se tendrán que emplear mucho más a fondo rebuscando teorías sofisticadas que, aunque pocos conectadas con la realidad, puedan ser utilizas de argumentativo. Nada hay más potente que el ejemplo.

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