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¿Hay alguien ahí?

miércoles 15 de marzo de 2017, 01:00h

Hace ya tiempo que me estoy formulando una pregunta: ¿dónde está la ultraderecha española? De momento, no obtengo ninguna respuesta a mi interrogante; y como suele pasar a menudo, ante una pregunta sin contestación nítida, uno se repregunta sobre los matices que se desprenden de esta negativa: ¿existen, todavía, ultras de derechas (los de izquierdas desaparecieron ni se sabe cuándo)?; y, en caso afirmativo, ¿dónde están?, ¿dónde viven?, ¿qué comen?

Hubo, en tiempos de la Traición Española, (perdón, se me ha ido la olla; quería decir la Transición Española) un partido político llamado “Fuerza Nueva” liderado por el ínclito Blas Piñar, un hombre de pelo en pecho y brillantina supracerebélica, hijo de uno de los defensores del glorioso Alcázar de Toledo y heredero de sus virtudes castrenses y de su sacrosanta moral católica del momento. Don Blas dirigía, además, una revista cuya cabecera reproducía el nombre de su partido; ¿o era al revés? El lema del partido y también de la publicación que editaba (¿o era al revés?) no podía ser más simple y escueto: “Dios, Patria, Justicia”. La línea editorial se basaba en los principios que regían cuando aquello del 18 de julio de 1936; ni más ni menos. Su adherencia a los Principios Fundamentales del Movimiento fue siempre absoluta y total hasta que el notario (era notario, Don Blas) falleció en 2014, se supone que en la paz del Señor (aunque nunca quedó claro quién era el señor; ni qué queria decir, exactamente su paz).

Hoy en dia, de Dios queda poco, o como mínimo menos; la Patria se está resquebrajando por momentos; y la Justicia está en manos de los políticos y sigue siendo lenta (aunque menos que cuando se celebraban los famosos juicios sumarísimos o los no menos famosos Consejos de Guerra que terminaban, sí o sí, con la sangre de los condenados a toda castaña manchando el suelo patrio, por si acaso...

Blas Piñar no estaba solo: una corte de prejubilados franquistas, falangistas y azules excombatientes (¿ex?) le rodeaban y le rendían pleitesía ideológica y contundente. Tipejos como Millán Astray, García Carrés o el mismísimo José Antonio (¡jeje!) Girón de Velasco, autoproclamado “El León de Fuengirola”, compartían ideales y la forma de llevarlos a la práctica que era asaz rotunda y aplastante, por decirlo de una manera suave, como la piel de las focas.

En las elecciones del año 1982, Fuerza Nueva consigue 108.746 votos en el Reino de España; en el 1987, convertidos en el Frente Nacional (por si picaban...), obtienen 122.799 votos (sí, picaron algunos más); en 1989, 60.672 (ahí pincharon). En 1993, visto lo visto, se disuelven (decisión que podrían haber tomado antes de su creación, ¡coño!). Finalmente, en las elecciones del 2000 se reagrupan bajo distintas y numerosas siglas y llegan a la cifra récord de 12.000 votos. En los años posteriores, los grupúsculos obtienen valores inapreciables, como cuando casi no llueve.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿se han marchado? La realidad nos ofrece un panorama dispar. Por un lado, la ley natural ha actuado de forma implacable y ha tenido a bien hacer “fallecer” a gran parte de los ciudadanos que nos ocupan; por otra parte, quedan, emboscados, algunos elementos -quizás no tan drásticos pero no muy alejados de las citadas ideologías, con su punto de nostalgia- que actúan, de tapadillo, en algunos medios de comunicación (¡ay, la persistencia eclesiástica!), sea bajo el paraguas de la televisión, de la radio o del simple periódico. ¡Ah!, y entre los hinchas de algunos equipos de fútbol.

Francia, Alemania, Holanda, Hungría, Polonia y otros países europeos mantienen sus lanzas alzadas en este terreno.
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