La presidenta del Parlament de les Illes Balears, Xelo Huertas, aprovechó un viaje oficial a Roma con motivo de la inauguración en la Santa Sede de la muestra “Ramón Llull, 700 años de misión” para tomarse unos días de vacaciones y disfrutar el puente del Pilar en la ciudad eterna, lo que le impidió presidir la sesión plenaria de la Cámara el pasado martes, siendo sustituida por el vicepresidente Vicenç Thomàs. Hay que decir, en primer lugar, que aunque lo que ha hecho Huertas no supone ninguna ilegalidad, sí contraviene el Código Ético aprobado por el Govern y es de manifiesto mal gusto, pues supone aprovechar un viaje oficial para actividades privadas que, además, han supuesto que no pueda cumplir con sus obligaciones como presidenta del Parlament al ausentarse de un pleno y tener que ser sustituida en sus funciones.
Huertas no parece entender el alcance del cargo institucional que ocupa ni la gravedad del mismo, por lo que muy a menudo se comporta de forma inapropiada. Estamos ante una de esas ocasiones. No es adecuado que aproveche un viaje oficial para hacer turismo y prolongar su estancia, mucho menos cuando hay prolongados periodos de inactividad en el Parlament y es en esos periodos cuando los diputados y aún más la presidenta, deben aprovechar para disfrutar sus vacaciones y no tomarse días cuando debiera estar trabajando.
El generoso sueldo público que cobra habría de impedirle irse de viaje mientras sus compañeros de grupo parlamentario están trabajando
Es aún más grave que Huertas, que pertenece al grupo parlamentario de Podem, grupo que presume de tener un comportamiento ético mucho más estricto que el resto, lo que le permite censurar actuaciones del resto de miembros de la Cámara y dar lecciones de ética cotidianamente, no perciba la gravedad de su comportamiento.
Una presidenta que quiso plantear preguntas orales en las sesiones de control al Govern, y que ahora se toma días de vacaciones aprovechando un viaje oficial cuando el Parlament se encuentra en periodo de sesiones ordinarias, claramente no sabe cuál es su lugar y no ha interiorizado que el generoso sueldo público que cobra (más de 6.000 euros al mes) habría de impedirle irse de viaje mientras sus compañeros de grupo parlamentario están trabajando. Que fuera ella quien le pidió al Rey Felipe VI que suspendieses una recepción oficial en el Palau de la Almudaina para dedicar lo que costaría el acto a los comedores sociales, resulta hilarante.





