Invasión islámica

"No se trata de refugiados, esto es una invasión islámica en toda regla". Son las palabras que ha trasladado al Papa Francisco el obispo húngaro Laszlo Kiss-Rigo, quien intenta ayudar a los procedentes de Siria y otros países musulmanes con agua, comida y mantas.

Sin entrar en un detallado análisis de las diferencias entre la condición de refugiado y emigrante, dada la habitual utilización errónea del lenguaje por parte de bastantes políticos y periodistas, creo pertinente aclarar que la condición de refugiado se reconoce a toda persona que, debido a fundados temores de ser perseguida por diferentes motivos, se encuentra fuera de su país y no puede o no quiere, a causa de dichos temores, acogerse a la protección de tal país. Muy diferente es la condición de inmigrante. Por ejemplo, si hubiera una guerra en España y los españoles tuviéramos que huir para salvar nuestras vidas, pasaríamos al país más cercano al nuestro donde no hubiera peligro, es decir, Portugal o Francia, donde tendríamos la condición de refugiados. Pero si en vez de quedarnos en Francia pasáramos a Alemania, ya no seríamos refugiados sino emigrantes por razón económica. Las consecuencias y obligaciones legales para los países de acogida son distintas en ambos casos.

La población civil de un país en guerra consigue protegerse en cuanto cruza al primer Estado más cercano que sea seguro. En el caso de los sirios, esa protección la conseguirían yendo a Turquía, país perteneciente a la OTAN, donde no hay guerra. Una vez en Turquía, lo que debería hacer la comunidad internacional es crear campos de refugiados y envío de suministros. Estas acciones por parte de la comunidad internacional deberían completarse, para solucionar el origen de los males, con una decidida intervención militar en el país de origen. Así, una vez finalizado el conflicto, los sirios podrían volver a su país con seguridad.

Lo que está sucediendo es muy diferente: En vez de quedarse en el país seguro más próximo al suyo, los sirios recorren 3.500 kms. atravesando al menos 6 países: Turquía, Bulgaria, Serbia, Hungría, Austria, para proteger sus vidas en Alemania o Dinamarca. ¿Y la culpa es de los europeos?

¿Por qué los países musulmanes ricos no acogen a sus “hermanos”? Según Amnistía Internacional los gobiernos de países mucho más cercanos a Siria, como Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait y Bahréin no han aceptado acoger a un solo sirio. Por ejemplo, Emiratos tiene la misma religión y cultura que los sirios y es más rico que nosotros. Y, sin embargo, parece que somos los españoles o europeos los obligados a acoger a los sirios, estando más lejos.

Y lo mismo puede decirse de Arabia Saudí, que cuenta con 100.000 tiendas de campaña climatizadas que pueden acoger a más de 2 millones de personas, y están vacías. Se utilizan 5 días al año para los peregrinos de la fiesta del Hajj en la ciudad de Medina. Arabia Saudí tiene recursos económicos para acoger a millones de refugiados, y no ha acogido a nadie. Todos se encaminan a Europa. ¿Por qué no se dirigen las críticas a estos ricos países musulmanes para que utilicen una parte de los miles de millones que gastan en colosales obras, para que acojan a las víctimas inocentes de los islamistas y su cruzada contra el cristianismo y occidente?

Con el problema de los emigrantes sirios se está actuando de forma emocional, hipócrita, demagógica, y, lo que es más grave, muy peligrosa para nuestra propia seguridad. Y todo ello bajo el chantaje emocional de la foto de un pobre ángel ahogado en una playa.

En pleno siglo XXI todos los días mueren miles de niños a causa de la guerra, del hambre, de las enfermedades. Desgracias lamentables que deberían movilizarnos permanentemente. Pero se publica esa foto y parece que es el único niño que se muere en todo el mundo. En unos meses ni se acordarán de ese niño ni de los que seguirán muriendo, como siempre.

Ahondando en la hipocresía colectiva y el despropósito continuado y promocionado por la mayoría de medios de comunicación, las medidas que se están aplicando en esta importante crisis también nos perjudicarán a nosotros. A nuestra seguridad: Si entre las miles de personas que han entrado sin control en Europa se hubieran colado 80 o 90 terroristas islámicos reviviremos atentados como los de Londres o Madrid. Estos terroristas pasan inadvertidos y viven como personas normales. Células durmientes hasta que les ordenan matar.

Las personas que están llegando a las fronteras europeas no llevan pasaporte ni certificado de penales. A un terrorista islámico le basta con plantarse en una frontera europea con una mujer o un niño, decir que es sirio y esa es su familia, y adentro. Y encima los malos son los húngaros, o los alemanes, que han reforzado su frontera para evitar que entren más personas sin seguridad. De hecho, los servicios secretos húngaros ya han detectado a dos terroristas mezclados con los sirios. Sin olvidarnos de la integración económica, social y cultural de cientos de miles de personas de otra religión y/o cultura, que accederán a la sanidad y educación pública elevando el gasto que tendremos que pagar con más impuestos y más deuda, y que probablemente no sufragarán muchas de estas personas al trabajar en la economía sumergida.

La crisis de los inmigrantes sirios vuelve a poner de manifiesto la debilidad intelectual, moral y de valores de una Europa buenista inmersa en el relativismo con pocos líderes a la altura de las circunstancias.

Ayudar sí. Pero con seguridad y todos, incluidos los ricos países musulmanes

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