La autopsia practicada a la pequeña Ainhoa demuestra que fue sometida a maltrato continuado. Los datos que se han publicado en los medios de comunicación son escalofriantes y yo me sigo preguntando cómo es posible que nadie advirtiese nada. Las mujeres maltratadas ocupan portadas, pero ¿y los niños maltratados? ¿Qué pasa con ellos? ¿Quién les protege? ¿Quién denuncia a sus maltratadores? Nadie y a la vista está. Sigo sin entender cómo nadie dio la voz de alerta antes de que fuese demasiado tarde. Ahora todo son lamentaciones, pero hay una familia que ha callado; unos vecinos que no se apercibieron de nada, tal vez porque estamos tan acostumbrados a mirarnos a nosotros mismos que se nos ha olvidado mirar a los demás; unos médicos que no observaron nada extraño, o unos profesores que no detectaron ningún síntoma en el comportamiento de la niña. Nada puede devolverle la vida a Ainhoa, pero este caso debe servir para que abramos los ojos, despertemos nuestras conciencias y nos demos cuenta que los niños están totalmente indefensos ante los mayores. No tienen voz y alguien debe hablar y actuar por ellos.



