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La autoridad del profesor

viernes 04 de octubre de 2019, 04:00h

Éste no es un tema novedoso. Llevamos mucho tiempo hablando de la necesidad de que el reconocimiento de la autoridad del profesor sea una realidad. Si es así es por que este concepto está en crisis. Desde hace algunos años, muchos docentes se encuentran desamparados con lo que les toca vivir en el día a día de las aulas. En estas líneas no hace falta enumerar las múltiples situaciones por las que cobra sentido que este reclamo. Prueba de ello, es que ya en 2014 la Junta de Castilla y León aprobó una ley de autoridad del docente.

Muchas veces, nos obsesionamos en buscar la culpa en la norma. “Este gobierno no apoya al profesorado” es una de las frases que se han escuchado asiduamente en la última dècada. El problema real no es que la autoridad no se explicite en un papel. El problema real es que la deriva de la sociedad actual obliga al gobierno a poner en marcha los mecanismes necesarios para dejar claro que el docente goza de ese valor.

Y escribo valor porque la autoridad del profesor es algo que ya no se percibe en las aulas. Tanto los alumnos como las famílias tienen que tener claro que en el centro educativo el árbitro es el docente. Si lo extrapolamos a un partido de fútbol, cuando el árbitro pita falta todos obedecen. Algunas veces, se cuestiona; claro està. Pero en esto reside la reflexión. En el centro educativo se puede reflexionar, el alumno tiene la obligación de reflexionar y decir lo que opina y piensa; pero sin faltas de respeto ni intromisiones en los espacios del docente.

Es por ello, que en otros de mis artículos hacía mención a la necesidad del trabajo conjunto del centro educativo y las famílias. Si los dos polos no se atraen, el proceso de enseñanza-aprendizaje no se materializa.

Desde un análisis más filosófico, la autoridad del docente no es únicamente el profesor tienen la razón y ya. No es una autoridad impositiva. Es cierto que muchos docentes necesitan herramientas para poder gestionar esa autoridad desde un punto de vista mucho más apacible. De lo que se trata muchas veces para lograr un buen clima en el aula es alcanzar esa autoridad moral con la que gozar un buen proceso de enseñanza. Es el ejemplo de Robin Williams en “El club de los poetas muertos”.

Pero una cosa, no se consigue sin la otra. Y mientras tanto debemos combatir la insubordinación e indisciplina a base de amonestaciones y expulsiones. Pero de este tema, escribiré la próxima semana.

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