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La eficiencia económica y el Dr. Munar

martes 23 de febrero de 2021, 03:00h

El doctor Munar, ante el fracaso del plan de vacunación gubernamental, ha promovido una plataforma cívica para reivindicar la urgencia de incrementar la velocidad del proceso en Baleares, bajo el argumento que aquí hace más falta que en otros lugares, porque se puede vislumbrar una segunda temporada turística muy lúgubre que puede desembocar en catástrofe económica y social.

Es curioso como parece que nadie percibió, en su momento, que justamente eso era lo que quiso evitar la decisión de centralizar las compras. Pues efectivamente, muchos de los que ahora se apuntan a la plataforma, o se hacen fotos con el ilustre doctor, aceptaron, sin la misma mínima discusión, que la centralización burocrática de las compras con la finalidad de evitar pujas de precios. Es decir, se quiso evitar que los primeros en recibir las dosis fuesen aquellos que podían pagar sumas más elevadas.

Pues bien, Baleares está en el grupo de los que pueden pagar más, pues la caída de nuestra economía, a consecuencia del virus, es varias veces superior a la mayoría de regiones europeas. Lo que equivale a decir, que Baleares está en condiciones de ofrecer mayores pujas por los nuevos medicamentos. Sin embargo, esta forma de expresarlo, es decir, abogando por asignar las vacunas en función de la eficiencia económica, parece repugnar a muchos de los que ahora defienden la misma idea, pero con otro lenguaje desde la nueva plataforma.

Pensémoslo un poco más despacio. El sistema de precios libres asigna todos los recursos en función de quién es capaz de sacarles más provecho para el conjunto de la sociedad. Es por eso que su potencia productiva y de bienestar es mucho mayor que su alternativa socialista o nacionalista. Esta es una idea que está suficientemente arraigada en los países anglosajones, y en una buena parte del continente asiático, donde se ha utilizado para acelerar su acceso a la modernidad, a diferencia de lo que ocurre en el sur de Europa y en Latinoamérica.

Y es que para que sea aceptada, las reglas de juego económico tienen que ser iguales para todos y estar muy bien definidas. Lo cual es rechazado allí donde las estructuras sociales son más pétreas y las luchas de poder más opacas. De hecho, aquí, el social-comunismo y el nacionalismo dominante juegan al corporativismo populista más cañí.

La sociedad balear, aún sin ser del todo consciente, vive en una contradicción de especial intensidad, pues por una parte percibe como la prosperidad alcanzada en sus mejores años estuvo vinculada a la existencia de un aparato estatal pequeño, poco influenciable y distante; mientras que, por otro lado, buena parte su clase dirigente, siente profundas afinidades con el proteccionismo populista desarrollado en Cataluña que, con frecuencia, exporta al resto de España.

A buen seguro el ilustre médico mallorquín es bien consciente de todo lo aquí expuesto, y probablemente por eso mismo, su propuesta para acelerar el proceso de vacunación, que es en realidad una propuesta de libre mercado, de forma muy inteligente, la ha camuflado con los colores de lo social y lo regional.

Y es que en la política de nuestro país para que cualquier idea sea aceptada debe adjuntar el calificativo "social" o "nuestro". De este modo ¿Quién sabe?, quizás los liberales deberíamos proponer "nuestra economía social de mercado", o un "nuestro capitalismo social" para que esas ideas se puedan extender y, así, retomar la senda del progreso y la prosperidad que estamos abandonado.

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