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No es por cantar

martes 23 de febrero de 2021, 02:00h

En España nadie va a prisión por cantar, de hecho El Fary jamás ingresó en prisión, y en ese caso, seguramente, había motivos pues sus canciones y sus letras eran delito.

El Fary era un tipo simpático y honrado que se ganó la vida como taxista y jardinero antes de dedicarse a la copla; Santiago Segura a través de su personaje Torrente, que admiraba con pasión a El Fary, lo colocó de nuevo en la actualidad. Nada que ver con “ese” Hasel, que junto con ese personajillo Valtonyc (un cobarde) son conocidos por las ofensas y no por su música, son incapaces de ganarse la vida con la canción, de manera honrada y digna como si lo hizo El Fary.

Cuando la representante del Estado Español en este pequeño país, es decir la Presidente Armengol dice que Hasel está en prisión por cantar está mintiendo. Ella, la Presidente, sabe que estamos en un estado de derecho y que nadie va a prisión por capricho sino por una Sentencia condenatoria. Lo sabe, y cuando dice lo que dijo, que fue a la cárcel por cantar, está haciendo un flaco favor al estado de derecho que representa, el cual, elecciones mediante, la puso en el cargo pues no hace sino debilitar las instituciones. Además de faltar a la verdad ataca a la Justicia y se adhiere de facto a las barbaridades y atrocidades que dijo y dice cuando le dejan el preso Hasel y a su acólito mallorquín.

La Presidente Armengol, tras esas bochornosas declaraciones, procede que se disculpe con los ciudadanos de Baleares por insultar a nuestra inteligencia por sus pueriles declaraciones y, además, debe disculparse con todos y cada uno de los afectados por los insultos, amenazas y bravuconadas de ese ser antisocial que fue justamente condenado.

Una vez más la Presidente yerra pues el debate no es si está en prisión por cantar o no, el debate es que está en prisión por lo que cantó, por el contenido de sus letras, por lo que dicen sus canciones; o si por el contrario la libertad de expresión no debe tener límites y todo el mundo puede decir lo que quiera de otro y eso no tenga consecuencias jurídicas.

Parece que la señora Armengol es partidaria de que la libertad de expresión no tenga límites, en consecuencia cualquier ciudadano puede decir sobre ella lo que le parezca, por graves que sean las imputaciones, en base a su derecho de libertad de expresión.

Naturalmente que la libertad de expresión no puede ser un derecho absoluta frente al que decaigan los otros derechos. Yo no puedo decir que un determinado personaje público roba, se prostituye o tiene determinadas adicciones, esperando que eso no me traiga consecuencias. Sería la ley de la selva. Insultos, ofensas e imputaciones de delitos falsas correrían a sus anchas por toda la sociedad y habría una competición de ver quien es capaz de decir la burrada más grande de cualquier personaje público.

Para ver que ello es así, que lo es, basta ver un ejemplo, la inigualable Carmen Calvo ha puesto el grito en el cielo cuando una imagen suya ahorcada ha aparecido en las redes, en ejercicio de la libertad de expresión de los autores. La señora Calvo, vicepresidente del Gobierno de la nación se ha lamentado y muchos políticos, de variados colores han acudido a solidarizarse con ella. Los autores del ahorcamiento ejercían su libertad de expresión. Este ejemplo nos evidencia que la libertad de expresión debe tener límites, que deben existir reglas del juego y que estas deben ser cumplidas pues a todos nos escuece cuando nos ofenden.

Para terminar un ejemplo insuperable del criterio armengoliano del gobierno de los mejores en cada momento, comentario que no es originario mío sino de persona a la que respeto. La Dirección General de Universidad, antes de la reforma dependía de la Conselleria d’Educació que dirige quizás la mente más lúcida del Govern y sin dudas más preparadas. El señor March es doctor, catedrático de Universidad y ha sido vicerrector. Con la última reforma dicha dirección general ha pasado a depender de la Conselleria del señor Company, cuya formación académica es a nivel de FP, es decir que no ha pisado la Universidad.

No pretendo criticar al señor Company por su formación (todos hacemos lo que podemos) de la que a buen seguro debe estar orgulloso y que personalmente respeto profundamente, -John Major fue Premier británico sin estudios superiores y habiéndose educado en un circo- lo que discuto es el criterio de la Presidente para encargar las tareas para que las hagan en función de su capacidad y sobre todo en beneficio de los ciudadanos. ¿De verdad cree la Presidente que el señor Company será mejor responsable de Universidad que el señor March? O quizás hay algo que no se nos ha explicado.

Hoy es 23-F, yo tenía 14 años cuando el golpe militar. Lo recuerdo perfectamente, pero creo que hay miserias de las que es mejor no hablar, no valen la pena, lo único bueno de ese día es que el Rey Juan Carlos nos salvó de una nueva dictadura.

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