La tensión política entre PP y Vox en el Parlament de les Illes Balears es perceptible por toda la ciudadanía y aumenta cada martes durante el pleno. Eso obliga al Ejecutivo de Marga Prohens a buscar apoyos puntuales en otras formaciones de la izquierda, lo que indigna aún más a la portavoz parlamentaria de Vox, Manuela Cañadas, y al portavoz adjunto, Sergio Rodríguez.
No es la primera vez que esta tensión desemboca en bloqueo. La negativa de Vox a respaldar el techo de gasto —paso previo para tramitar los presupuestos de la Comunidad Autónoma— en diciembre del año pasado, dejó al Govern cuentas públicas para 2026 y abocado a prorrogar los de 2025.
Sin embargo, Vox no rentabiliza el bloqueo, sino que reducen su capacidad real de influencia en un Ejecutivo necesitado de respaldo parlamentario estable. La formación que en Baleares preside Gabriel Le Senne ha preferido entrar en modo electoral antes de tiempo, criticando con dureza las políticas que ellos mismos han contribuido a impulsar. Y eso tiene un coste, pues se renuncia a materializar avances que beneficien a los ciudadanos para limitarse a criticar, bloquear y hacer oposición.
Vox, que pretende marcar perfil propio endureciendo su discurso y elevando el tono contra el PP, acaba debilitando su posición estratégica. Pero la realidad es tozuda. El único aliado potencial de Vox en Baleares es el Partido Popular. Así lo demuestra su participación en gobiernos como el Consell de Mallorca o en ayuntamientos como Calvià, Marratxí, Llucmajor, Alcúdia o Palma, donde la cooperación y la responsabilidad han sido la norma, lo que ha favorecido el cambio que los ciudadanos demandaron en las urnas en 2023.
El único aliado potencial de Vox en Baleares es el Partido Popular
Torpedear al Govern Prohens en el Parlament, forzando al PP a asumir postulados ajenos a su programa electoral y bajo presión, no fortalece a Vox. Al contrario, proyecta una imagen de partido instalado en el bloqueo, más interesado en la agitación que en la gestión. Y eso les resta credibilidad como opción de gobierno.
En un contexto de fragmentación parlamentaria, la política útil exige pragmatismo, no maximalismo. La capacidad de influir se mide en acuerdos, no en titulares para presumir de doblegar al único partido con el que se puede negociar y pactar.
Si Vox confunde oposición con obstrucción, corre el riesgo de quedarse sin poder y sin utilidad, algo que sus electores podrían acabar penalizando en 2027.



