JAVIER MATESANZ.- Disney ha encontrado un filón en la traducción a imágenes reales de sus grandes cuentos clásicos otrora animados. O versiones más o menos inspiradas en sus personajes. Tales son los recientes casos de Alicia en el País de las Maravillas, Maléfica, Into the woods y ahora Cenicienta. La última gran producción no animada de la productora, que ha puesto el personaje creado por la tinta de Charles Perrault en manos de un Kenneth Branagh definitivamente alejado de sus admirables inicios shakespearianos (Henry V, Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet).
Interpretados por Lily James, Cate Blanchet, Helena Bonham Carter y Ricahrd Madden, los personajes principales del film recrean la historia de aquella joven cuyo padre, un comerciante, vuelve a casarse tras la muerte de su madre. Ella quiere dar gusto a su padre y acoge con cariño a su nueva madrastra y a sus hijas en la casa familiar. Pero, cuando el padre muere inesperadamente, la joven se encuentra a merced de una nueva familia celosa y cruel. Al final, queda relegada a ser una sirvienta cubierta de ceniza, por lo que le pondrán el triste nombre de Cenicienta. El resto de la historia, con príncipe, zapatos y calabazas, ya es de todos conocida.






