La vida es como las plantas. Al principio no parece gran cosa: una semilla, algo de tierra, un poco de agua. Pero si tienes paciencia, si prestas atención y no te olvidas de cuidar lo invisible, un día brota. Crece. Florece. La amistad también es así.
En un mundo que va tan rápido, a veces se nos olvida que lo esencial necesita tiempo. Que no basta con sembrar una relación: hay que regarla. Y regar, en este caso, no es invadir ni forzar. Es estar. Escuchar. Compartir. Ser parte del paisaje del otro, incluso en las estaciones difíciles.
Hay amigos que llegan como plantas salvajes, sin que los esperes. Otros que se cultivan durante años. Algunos resisten todas las tormentas. Otros se marchitan, y está bien también. Porque la amistad —como la vida— tiene sus ciclos. Lo importante es aprender a reconocer cuándo una relación está viva y necesita más luz… y cuándo, por mucho que duela, hay que dejarla ir.
Pero lo que nunca cambia es que la amistad es indispensable para desarrollarnos como personas. No solo nos acompaña: nos transforma. Los amigos nos ven cuando no nos vemos. Nos sostienen cuando todo se tambalea. Nos recuerdan quiénes somos cuando el mundo nos hace dudar.
Igual que una planta busca la luz, el ser humano busca el vínculo. Y en ese sentido, una amistad bien cuidada es uno de los regalos más potentes de la vida. No hace falta hablar todos los días. No hace falta estar siempre de acuerdo. Lo que importa es el afecto verdadero, ese que no necesita explicación, ese que sabe estar en silencio cuando las palabras sobran.
Mallorca, con su mezcla de raíces locales y visitantes de paso, también es un lugar que invita a observar nuestras relaciones. ¿Estamos cuidando a quienes queremos? ¿Nos estamos permitiendo ser cuidados también? ¿Qué tipo de amigos estamos siendo?
A veces, basta un mensaje inesperado, una llamada corta, un “me acordé de ti” para regar una relación que parecía dormida. Y en otras ocasiones, basta con estar presentes, sin exigencias. Porque la amistad —como las plantas— no se impone, se acompaña.
Así que quizás hoy sea un buen momento para mirar tu jardín interior. ¿Qué amistades están floreciendo? ¿Cuáles necesitan más atención? ¿Cuáles te inspiran a crecer y cuáles te están pidiendo un descanso?
Porque al final, como las plantas, la vida necesita raíces… pero también necesita cuidados.
Y no hay abono más fértil que el amor sincero entre amigos.
“A los amigos, como a las plantas, no hay que darlos por sentados: hay que mirarlos, cuidarlos… y agradecer que estén.”




