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Las ratas turismofóbicas están de celebración

Por Joan Miquel Perpinyà
lunes 15 de febrero de 2021, 18:36h

En toda sociedad, lamentablemente, hay personas miserables y egoístas que sólo piensan en sí mismas y no en el progreso colectivo. Y luego están, en un nivel superior, aquellas alimañas que siendo de aquella categoría, se alegran del mal ajeno y encuentran en él regocijo e íntima satisfacción por pura envidia y complejo de inferioridad. Normalmente tratan de camuflarlo, pero en momentos puntuales no pueden contener su maldad natural y acaban por manifestarlo abiertamente, aunque luego busquen algún pretexto para negar su ruindad, por más que lo único que consiguen es ponerse en evidencia aún más.

Lo acabamos de comprobar con las reacciones de determinadas personas y colectivos a la campaña SOS Turismo, un grito de auxilio proveniente del sector productivo del que depende la economía de Balears y por tanto la forma de ganarse la vida de miles de familias. La iniciativa ha surgido del mundo empresarial ante el riesgo extremo de quiebra en el que se ven miles de sociedades y autónomos por mor de la imposibilidad de llevar a cabo su actividad con normalidad por la pandemia del Covid-19. Y esto es suficiente para catalogar la campaña como “de derechas”, por lo que en la lógica de la división y la “lucha de clases”, la gente que se considere de izquierdas manifestará su oposición, echará mano de la peor demagogia acusandolos de ser ricos, avariciosos y explotadores, evasores de impuestos, que lo que buscan es tumbar al Govern de PSOE, Podemos y Més per Mallorca.

Poco importa que se trate de un movimiento transversal, al que se están adhiriendo cada día desde grandes cadenas hoteleras hasta pequeños negocios familiares como agroturismos, restaurantes heladerías o talleres de reparación de frigoríficos. Les da igual que la caída en el número de visitantes, —algo largamente anhelado por los turismofóbicos que ahora censuras a SOS Turismo—, haya ocasionado un desplome en el Producto Interior Bruto de Balears del 27% en 2020. Es más, se regocijan en la desgracia de miles de empresas y negocios, aunque muchos sean familiares, porque detestan el turismo y lo consideran el origen de todos los males que nos aquejan. Y si bien siempre lo han denostado, ya no disimulan su felicidad que, para ser completa, debe corroborarse con el cierre de empresas turísticas. El famoso decrecimiento. Los trabajadores que vayan al paro que se reciclen en el montaje de paneles solares o en la reparación de bicicletas y patinetes eléctricos.

SOS Turismo es una iniciativa de la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca (FEHM) y, por tanto, merece ser criminalizada porque sus impulsores, a ojos de los fanáticos que se regodean en el mal ajeno, son depredadores que viven de destruir Mallorca. Olvidan que la mayoría de hoteles de la isla son pequeños hoteles que pertenecen a empresas familiares que suelen tener uno (a lo sumo dos) establecimientos. No son el Tio Gilito, que van con frac, chistera y fumando billetes de 500 euros. Pero eso a ellos les resbala, porque desde su atalaya de funcionarios con el sueldo asegurado —o eso piensan ellos, como si el dinero con el que se paga sus nóminas llovieran del cielo—, solo están preocupados de alentar la división de nuestra sociedad entre empresarios y trabajadores, ricos y pobres, opresores y oprimidos.

SOS Turismo reclama, entre otras cosas, un plan de rescate del sector turístico para salvaguardar las empresas y el empleo. ¿Acaso no es eso lo que se persigue con los ERTE? Algunos ilusos tratamos de analizar las demandas de cada cual según la justicia de sus argumentos y de si son buenas para el interés general, no de quién los plantea. Pero claro, las ratas que descorchan cava cuando cierra una empresa, no se comportan igual. Y luego dirán que “qui estima Mallorca, no la destrueix”. ¿Acaso no están ellos exultantes de alegría viendo la economía de Balears en ruinas? Pues que lo disfruten ahora, porque quien se alegra del mal del vecino, a él le viene de camino.

Seguro que también hubo, en su día, quien se alegró del hundimiento del Titanic con tal de que perecieran algunos pasajeros de 1ª clase. Pero en el barco no solo iban potentados, sino también gente humilde y trabajadora. Claro que hay hoteleros ricos en Mallorca, pero no son todos, ni siquiera la mayoría. Y quienes pagarán las consecuencias de que sus negocios deban cerrar serán sus empleados y el conjunto de la sociedad. Pero a los terraferidas eso les da igual.

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