Los cuatro jinetes del Apocalipsis y alguno más

Hagan memoria y piensen si alguna vez leyeron en esta sección que el C’an Ventura no era más que un proyecto más de Damián Seguí al servicio de su afición y su ego. Así ha sido desde los tiempos del Son Amar. Cada uno hace con su dinero lo que quiere, faltaría más, pero más allá de satisfacer su “hobby”, no queda nada para el futuro del voleibol. Nunca hubo voluntad de sembrar, sino solo de recoger talonario en mano. Nada que objetar, ni nada que agradecer.

Como sucede en el hundimiento de cada barco, el Mallorca se despeña en medio de un patético ¡sálvese quién pueda!. Sergi Barjuan le ha hecho un flaco favor al club y a si mismo al cargar con poca valentía contra una parte del vestuario. La consigna es clara, que el público linche a los futbolistas y no mire al palco ni al banquillo. Es de cobardes acusar sin dar nombres. Una injusta e hipotética renovación, a falta de cualquier posibilidad de encontrar equipo al que entrenar, no justifica un proceder que correrá como la pólvora entre los profesionales de toda España. Una huida hacia adelante para salir de rositas sin responder de sus alineaciones, planteamientos, cambios absurdos y la incoherencia de contar con algunos de los que pretende ajusticiar.

Más sincero fue Oriol el miércoles al reconocer y asumir su responsabilidad y la de sus compañeros. Eso si, dejando claro que la culpa se extiende a los de arriba por su pésima planificación. Tardía la reacción de la Federació de Penyes al exigir la dimisión de Molango, Monti, Recio e Iván Campo. La lista se queda corta, pero más vale algo que nada. Sin embargo no parece probable que ninguno de ellos, los cuatro jinetes del Apocalipsis, renuncie a chupar de la ubre que le corresponde.

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