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Los derechos humanos, Rusia y nosotros

Por Inocencio Arias
martes 16 de febrero de 2021, 12:00h

El gobierno ha elaborado una Estrategia de política exterior.

Es un documento rimbombante, hueco y voluntarista. Tiene un aroma zapateril con un chorro de licor podemita. Recuerda al estúpido slogan oficial “vamos a salir más fuertes”, cuando era evidente que la pandemia nos había dejado muy tocados e iba a seguir haciendo estragos, o la satisfacción de la ministra de exteriores manifestando que con el derribo de la verja de Gibraltar entramos en una “prosperidad compartida”(?). Son infantilismos retóricos y vacuos como el arranque de la citada Estrategia. Se proclama que nuestra estrategia exterior se articula en torno a cuatro ejes. El primero, que parece el más importante, es: “ la promoción de los derechos humanos, la democracia, la seguridad, el feminismo y la diversidad como referentes de la acción de España en el mundo”.

Queda mono y edificante, pero si esto es el eje básico de nuestra política exterior, si lo colocamos al inicio iluminador de nuestros desvelos, habría que actuar pronto. ¿ Cómo lo traducimos?. De ninguna manera. No me acabo de creer que acariciemos sin dilación denunciar a China por autoritaria, no democrática y por violar los derechos humanos teniendo en el siglo XXI a cientos de miles de personas de la minoría uigur a los que se reeduca en campos de concentración. Tampoco es creíble que nuestra diplomacia le lea la cartilla a Irán, que nos neguemos a comercial con los ayatollas por su trato punitivo de los homosexuales, que montemos una campaña en Naciones Unidas señalando que Cuba es quizás el único país de toda América que no ha celebrado unas elecciones verdaderamente democráticas en sesenta años; este gobierno tampoco va a apretarle las tuercas a Venezuela, violadora egregia de los derechos humanos, ni a denunciar a un país asiático que ha condenado a 77 azotes a un homosexual.

El programa es paralenguaje, juegos florales que encantan a la nueva izquierda y que en su desarrollo, temen muchos de nuestros diplomáticos, escondan quizás la intención de “democratizar” el servicio diplomático colando a jóvenes afines, sin un examen serio, sin unas oposiciones tachadas de clasistas porque hay que estudiar, prepararlas concienzudamente y en las que no caben hasta ahora ni tribunal amañado ni tesis plagiadas. Ni carnet.

El caliente incidente con Rusia es un buen ejemplo de nuestra prioritaria “defensa” de los derechos humanos. Moscú envenena a Navalny, un opositor que en España, Francia o Alemania tendría su partido y escaños en el Parlamento aunque el gobierno controlara la televisión tan férreamente como en Rusia. Navalny enferma gravemente pero se cura en Alemania. Recuperado en meses, regresa valientemente a Moscú. Es incómodo para el zar Putin porque revela aspectos que lo ponen en evidencia. Es detenido con cargos que no se tienen de pie en un estado democrático. Miles de simpatizantes de Navalny que se manifiestan en varias ciudades son arrestados.

¿Protesta España cuyo gobierno tiene como primer mandamiento la defensa de los derechos humanos, la democracia, etc…? No, nos callamos. ¿ Por temor a represalias, porque la inefable Estrategia es caca de la vaca o por las dos cosas? Silencio.

Entra en escena Borrrel como Jefe de la diplomacia europea. En Moscú habla con Lavrov su colega ruso, lo conozco fue colega mío en la Onu, persona tan inteligente y preparada como cínica. Es el ruso, en su terreno y conocedor de las divisiones europeas sobre Moscú, el que lleva la voz cantante en cuanto le menciona a Navalny. Desaira globalmente a la Unión Europea y tiene los pantalones de equiparar a Navalny con los golpistas separatistas catalanes. Habla de los “presos políticos” de España. Aviesamente, Lavrov conoce perfectamente que ese grupo catalán ha dado un golpe de estado separatista algo que en Rusia sería juzgado más rápida y más severamente que en España con indultos impensables para ese delito. Conoce, además, que su gobierno interfiere, por Internet, los procesos electorales occidentales, entre ellos el de Estados Unidos o el catalán, creando el descrédito de nuestras instituciones y desestabilizando.

Ahora sí la ministra española Laya interviene. Recuerda que lo que hay en España son políticos presos y no presos políticos y que ocupamos el número 23 de las democracias plenas mientras que Rusia colea en el puesto 124 de 165 países.( No es raro que dentro de nuestro gobierno su vicepresidente casi desmienta a la ministra y coincida con Lavrov. Lo cual demuestra dos cosas: 1) Pablo Iglesias, como buen fascista de izquierdas, no sabe lo que es el estado de derecho. 2) a la hora de defender la integridad de España el gobierno de Pedro Sánchez es su propia quinta columna y la resquebraja)

La ministra española, a diferencia de su jefe -el de la niñera asesora-, reacciona, pues, adecuadamente cuando se ataca a España. Pero va a seguir dejando la hermosa Estrategia en el cajón- es un sermón para jóvenes socialistas y podemitas, amén de una coartada dios sabe para qué- cuando los conculcadores de esos principios del documento sean países grandes y más aún de izquierdas. Se le grita a Honduras si gira a la derecha, pero no a China, Rusia o Irán. Puedes salir trasquilado.

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