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Los desahucios de la muerte

sábado 07 de junio de 2014, 08:57h
Un escalofrío ha recorrido la localidad de Cala Rajada al saberse que un ciudadano alemán de cincuenta años se ha suicidado al saber que iba a ser desahuciado al no poder pagar el alquiler. No se trata de un hecho nuevo. Constituye un eslabón más en el drama de tantas personas que se han quitado su vida en estos últimos años porque iban a perder su hogar. Se trata de un desastre que no cesa.

Pese a que el Govern Rajoy anunció hace tiempo que haría todo lo posible por paliar la cascada de desahucios para evitar dramas humanos de consecuencias a veces irreparables, lo cierto es que l maquinaria de la dura realidad sigue adelante, implacable. En nuestra sociedad en crisis deber dinero se ha convertido en el peor de los pecados, en la frontera entre la vida y la muerte.

Llegarán los tiempos (tal vez están más cerca de lo que pensamos) en que la actual depresión se superará. Pero mientras tanto es necesario apelar al humanismo, a la comprensión y al tacto. Antes de proceder a esta medida extrema se han de agotar todas las posibilidades y aún así tener muy presente que la compasión es un atributo irrenunciable que dignifica  las personas por encima, a veces, de las frías cadenas de la ley, en casos concretos en los que nu vulneración por parte de un particular desesperado no ofende a la comunidad ni causa un perjuicio extraordinario al acreedor. El estado de necesidad está recogido y protegido en nuestro ordenamiento jurídico. ¿Y qué peor golpe puede recibir un ser humano que dejarlo sin techo y sin dignidad?

Cuando regresen los buenos tiempos esta época de los deshaucios y los suicidios habrá dejado muchas cicatrices y el miedo marcado en la conciencia colectiva. Será entonces cuando se conocerá la época actual como la de la insolidaridad y la insensibilidad hacia el sufrimiento ajeno.

 

 

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