Magia ritual para gente enamorada

Al inicio de la bellísima película A los que aman, de la gran Isabel Coixet, la voz en off del principal protagonista masculino nos hace una demoledora confesión acerca de lo que ha sido su vida en el ámbito sentimental: «Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro que no la amaba a ella, sino a otra, de la que nunca supo si le correspondía».

Esa melancólica reflexión, hecha por aquel hombre ya casi al final de su existencia, podría ser quizás compartida también hoy por muchas de las personas que conocemos o que tratamos en nuestro día a día, o incluso tal vez por nosotros mismos.

Por esa razón, me gustaría recomendarles en este día de San Valentín un pequeño librito que desde hace ya algunos años tengo en casa y que se llama Conjuros de amor. Magia ritual para gente enamorada (Editorial Océano), escrito por Omaira Beltrán.

Para serles del todo sincero, no recuerdo ahora cuándo ni cómo ni por qué decidí comprar ese libro, pero ahí está, en el mismo anaquel en el que tengo El arte de amar, de Ovidio, y Estudios sobre el amor, del maestro José Ortega y Gasset.

En la brillante introducción de aquella obra, de lectura casi obligada para cualquier persona romántica, Omaira ya nos advierte de que «el amor no es un asunto fácil». Y sin duda no lo es. O al menos no debe de serlo para quienes en su momento compramos este libro.

Dicho esto, una de las cosas que más valoro de Conjuros de amor. Magia ritual para gente enamorada es que, pese a su diminuto tamaño, es un volumen realmente muy completo, pues hay en él más de 70 hechizos mágicos «para despertar el amor en la persona amada».

Por tanto, en principio parece bastante razonable pensar que, con un poco de suerte, podremos llegar a encontrar al menos cuatro o cinco hechizos con los que poder conseguir el afecto que con especial afán e ilusión podemos estar persiguiendo en algún momento determinado.

El libro nos da además consejos para iniciarnos en el mundo de la magia, nos explica la importancia de las distintas fases lunares o nos recalca que debemos utilizar las plantas y las esencias recomendadas siempre en la cantidad exacta, operación que por tanto «nunca se debe hacer a ojo», sino preferentemente con una báscula de precisión en milígramos.

Omaira también nos recuerda que unos elementos esenciales en la práctica de los rituales amorosos son las velas, pues sin ellas parece claro que cualquier posible hechizo que podamos intentar hacer se encontraría casi inevitablemente condenado al fracaso.

Otros elementos igualmente importantes suelen ser los cordones, las cintas, las telas o los pañuelos, a poder ser de color rojo, así como diferentes alimentos, incluidos por supuesto los dientes de ajo o distintos tipos de aceites. No debemos olvidarnos tampoco de los lápices de cera, varios pequeños imanes, alguna fotografía de la persona amada y también trozos de papel, normalmente de color blanco.

Otro gran acierto del libro es que nos describe los distintos tipos de hechizos que existen en estos casos: para capturar un amor, para conservarlo, para ser irresistibles, para atraer las buenas energías o para vivir momentos de lujuria y pasión. Además, se nos da también un consejo muy importante si hemos decidido invitar finalmente a cenar a casa a la persona amada: «No compres comida hecha, cocina tú, aunque sea un plato sencillo, y agrégale mucho amor».

Sin embargo, ese sería quizás el único punto irrealizable para algunos de nosotros, incluido yo mismo, pues en mi caso ni siquiera el mejor de los hechizos previos podría ayudar a enamorar a alguien que probase una comida hecha por mí.

De ahí que, con permiso de Omaira, piense que siempre suele ser mucho mejor optar por ir a cenar a un buen restaurante, en el que, a poder ser, haya también velas, cintas y telas, y tal vez, a modo de precaución, dos o tres dientes de ajo.

Pese a mi buena voluntad al recomendarles hoy Conjuros de amor. Magia ritual para gente enamorada, es posible que algunos de ustedes se pregunten muy oportunamente cómo me ha ido a mí hasta ahora a nivel sentimental, teniendo en cuenta que he seguido año tras año todos los consejos que aparecen en ese libro.

Lo cierto es que, para qué voy a engañarles, la cosa no me ha ido del todo bien. Pero tal vez sea porque no acabo de seguir las indicaciones de Omaira de forma correcta o porque en el fondo no sea tarea fácil llegar a encontrar el amor verdadero.

No sé, quizás lo que me haría falta ahora mismo sería volver a ver A los que aman con sumo detenimiento, o contratar directamente a un chamán, un brujo o un hechicero.

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