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Mallorca en la Nueva Ruta de la Seda

Por José A. García Bustos
sábado 23 de marzo de 2019, 06:00h

China lo tiene claro. Ante las trabas comerciales que le pone Estados Unidos, quiere expandirse por el mundo. Necesita una salida para sus recursos materiales, humanos y económicos. El gigante chino ya ha despertado y es cuestión de tiempo que pase a ser la primera potencia económica mundial.

La Nueva Ruta de la Seda es su plan. Con ello, busca países donde invertir y adquirir materias primas así como dónde vender sus productos. Con ese nombre marcopoliano, se representa un plan de inversión en infraestructuras terrestres y marítimas con las que China quiere conectarse con el mundo existente más allá de su enemigo americano.

Y esas vías de transporte hay que nutrirlas tanto de mercancías como de personas.

Detrás de la inversión pública que representa ese macro proyecto, vendrá el desembarco de inversores privados que extraerán materias primas de los lugares de origen y devolverán productos elaborados. También irán y vendrán personas.

Mallorca acaba de entrar de pleno en las intenciones de los inversores chinos.

El gigante asiático ha puesto el ojo en Mallorca y va a cambiar el statu quo. Ya abrió la veda en 2014 adquiriendo, para sorpresa de muchos, el Hotel Valparaiso, referente del sector.

En la actualidad han intensificado la búsqueda de oportunidades de negocio en el sector turístico, sobre todo en hoteles en Playa de Palma, Arenal y el norte de Mallorca. También han echado el ojo sobre el Parc BIT para asentarse.

Tras las inversiones llegarán los negocios y las relaciones sociales complementarias. Que en un bar te sirva tortilla de patatas o un cortado personal de origen chino ya no es una novedad.

Un detalle para meditar: la exportación del modelo laboral, medioambiental y social chino también vendrá con las inversiones y supondrían un retroceso respecto al modelo que conocemos en la actualidad.

El desembarco de inversión y mano de obra de ese país también dará lugar a una diversificación social aún mayor. Aparecerán academias de mandarín para niños y adultos, algún colegio chino y se aumentarán los matrimonios o parejas de hecho chino-españoles o chino-mallorquines con combinaciones de apellidos sorprendentes.

Ya lo anticipó Ridley Scott en 1982 visualizando la ciudad de Los Ángeles en 2019 con una marabunta de ciudadanos con rasgos asiáticos por las calles.

Una vez llegado el año en el que se ambienta el clásico cinematográfico, Los Ángeles está más marcado por rasgos hispanos que asiáticos pero puede que dentro de unos años el Born de Ciutat reproduzca el mestizaje que recoge la película. Lo de los replicantes no da opción para la dudas. Esos llegarán seguro. Todo a lo que estamos acostumbrados se perderá con el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
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