El acuerdo sobre el nuevo Régimen Especial de Balears (REB) al que llegaron ayer el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y la presidenta del Govern de les Illes Balears, Francina Armengol, parece haber satisfecho a ambas partes y haber calmado las quejas y lamentaciones con que la delegación balear viajó a Madrid. Tras una larga reunión ambas partes acordaron intensificar las reuniones de modo que el texto definitivo esté listo este año y pueda entrar en vigor en 2019, lo que supondrá un gran éxito político para la presidenta. Así, el asunto fundamental de la reunión ha sido el REB. Y los 67 millones que llegarán de menos a Balears por no haberse aprobado los Presupuestos Generales del Estado para 2018, aunque Armengol planteó su queja, no ahondó en la cuestión.
Resulta muy chocante que tras una semana donde se han oído bastantes barbaridades, como calificar al ministro Montoro de chantajista, acusarle de ser el enemigo público número uno de Balears e incluso de ser el “Sheriff de Nottingham”, que robaba a los pobres para dárselo a los ricos (terminología literal empleada por el portavoz de Més per Mallorca, David Abril), a la conclusión de la reunión la presidenta del Ejecutivo parezca satisfecha y no continúe por la senda de la crítica política más recia y áspera.
Se diría que el PSIB y sus socios a menudo buscan con ahínco la confrontación con el Gobierno de España, mucho más que el acuerdo y el diálogo constructivo, con el objetivo de desgastar. Pero ha de tenerse en cuenta que de esa forma los ciudadanos pierden mucho más que ganan. De modo que las descalificaciones como las antes citadas no sirven de nada y retratan a quienes las usan de forma tan malintencionada.





