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'La Navidad de ahora poco, o nada, tiene que ver con la de hace años'
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(Foto: J. Fernández Ortega)

"La Navidad de ahora poco, o nada, tiene que ver con la de hace años"

Por Tommy M. Jaume
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tommyjaumemallorcadiariocom/11/5/11/26
sábado 23 de diciembre de 2023, 23:00h

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La llegada de la Navidad trae consigo multitud de tradiciones. Algunas de ellas sobreviven al paso del tiempo mientras otras desaparecen o evolucionan. Y es que hubo una época, no tan lejana, en la que las celebraciones eran mucho más austeras. Unos años, en los que el Belén y los Reyes Magos no compartían protagonismo con ningún árbol decorado para la ocasión o con un personaje capaz de venir desde Laponia a bordo de un trineo. Buena fé de ello, puedan dar nuestros protagonistas: Bàrbara Cabot, Bernat Bonnín, Maria Vera, Mariana Pujol, Tina Cardona y Toni Calleja. Con edades comprendidas entre los 73 y 87 años, todos ellos rememoran en mallorcadiario.com unos tiempos de antaño, cuando no todas las calles de Palma estaban iluminadas, mientras esperan con ilusión la llegada de unos días que comparten con sus familiares.

Mariana Pujol Fernández nació en Palma hace 74 años. "Cuando yo era pequeña, nos juntábamos toda la familia en casa de mi abuela. Me acuerdo de que comíamos sopa, que nada tiene que ver con la que ahora se llama navideña, la que es rellena. Era solo caldo. También había mandarinas. Es curioso, pero para mí esa fruta es sinónimo de Navidad. Y eso que las veía todo el año, ya que teníamos una pequeña tienda en la que la vendíamos", recuerda.

La decoración es uno de los aspectos que más ha evolucionado con el pasar del tiempo. "Hace unos años no había apenas iluminación en las calles. A mí me gusta mucho este ambiente y decorar mi casa. De hecho, una de mis hijas me dice que tengo tantas luces que parece 'El Corte Inglés'", asevera mientras ríe.

"En mi casa siempre había música durante las fiestas, ya que mi padre era el cantante de un grupo que se llamaba 'Los Charros'", evoca la palmesana. "He llegado a disfrazarme de todos los Reyes Magos y de Papa Noel para mis hijos. Es una tradición que ahora se encargan de hacer ellos para mis nietos", afirma.

Pujol comparte edad y lugar de nacimiento con Bàrbara Cabot. "En mi casa, donde éramos ocho hermanos y mi madre que era viuda, también había sopa de caldo y pollo o 'porcella'. Además, tampoco faltaba nunca el turrón. Eran cenas, sin duda, mucho más humildes que las de ahora", subraya.

"Antes no había ni decoración para poder comprar. Nos limitábamos a hacer un pequeño belén, porque lo del árbol, como lo de Papá Noel, ya llegó cuando fuimos padres", matiza.

La palmesana reconoce que "ahora la Navidad ha cambiado para mí, puesto que mi único nieto tiene ya 15 años. La ilusión es diferente, ya que no compro nada porque prefiere que le dé un sobre con dinerito".

En este sentido, Maria Vera, de 80 años y nacida en el Port d'Andratx, considera que "ahora hay mucho derroche. Hay mucha gente que lo está pasando mal mientras algunos políticos gastan su dinero en competir para ver quién hace el árbol más grande. Me gusta ver luces pero sin pasarse".

La andritxola cuenta que "recuerdo que primer regalo fue una muñeca. En esos tiempos, disfrutábamos más preparando los villancicos de Ses Matines (Misa del Gallo). Incluso, uno de mis hermanos cantó la Sibil.la".

Además, apunta que "antes, determinados platos tan solo se comían en Navidad. Eso ha cambiado. Ahora se pueden comer durante todo el año", explica antes de añadir que "la gente tira más por lo práctico, comprando comidas preparadas".

"En nuestra casa, cuando yo era niña, éramos un total de 12 personas, incluyendo a mis nueve hermanos mayores y a mis padres", agrega para luego comentar "mi padre tuvo 14 hermanos. Por eso, nuestra familia era muy conocida en la zona". "Como casi a diario comíamos pescado debido a la tradición marinera de mi familia, en Navidad hacíamos una sopita o una paella. También recuerdo que preparábamos, neules, coca de avellana y amargos", subraya en alusión al típico mazapán mallorquín.

"Al tener una cuñada inglesa y otra alemana, nosotros adoptamos cuando fuimos padres la tradición de Papa Noel. Sobre todo, para que los niños tuvieran más tiempo para disfrutar de sus regalos", puntualiza.

La Navidad también es una época de grandes anécdotas que, como algunas tradiciones, perduran en el tiempo. Vera, por ejemplo, recuerda como un pavo con el cuello semicortado se escapó por su patio llenándolo todo de sangre mientras Pujol asiente con la cabeza. "A nosotros nos pasó algo parecido con una gallina, que se escapó después de cortarle el cuello", asegura.

En este sentido, la menorquina afincada en Mallorca Tina Cardona Dalmedo, de 73 años de edad, relata que "en Mahón, nosotros también comíamos sopa, pollo asado y amargos. Me acuerdo de que mi padre, ponía debajo de los platos de mis hermanas y del mío una moneda. Luego, se ofrecía para guardarla, pero en realidad, era para darnos la misma el siguiente año".

"A mí, también me regalaron una muñeca, que era de cartón. Y no se me ocurrió ninguna mejor idea que lavarla. Así, me quedé sin regalo", rememora la mahonesa, que tiene tres nietos. "Tienen 9,12 y 13 años. Tampoco quieren regalos, cuando antes me pedían tablets o videoconsolas. Ahora prefieren que les dé dinero. Las cosas han cambiado mucho". asevera.

El palmesano, de 80 años, Bernat Bonnín Pons señala, con una amplía sonrisa en su rostro, que "nosotros nos pasábamos todo el año paseando por Son Serra al pavo que luego nos comíamos en Navidad. Era algo muy tradicional, que cada familia tuviera su propio 'andiot', que compraban siendo un ejemplar pequeño, y que lo cuidara durante varios meses. Tenían una gran vida".

"Antes la Navidad no era tan comercial como ahora. Tan solo duraba un par de días, mientras que ahora, entre anuncios y luces, dura más de un mes", lamenta. "Recuerdo que un año, en Reyes, mi padre me regaló una pistola. Y en otro, un balón de fútbol que al mojarse en un charco se destiñó por completo", añade entre carcajadas.

El último de nuestros protagonistas es Toni Calleja, de 87 años de edad. Vecino de Son Armadans, pasó su infancia en s'Indioteria: "Allí teníamos un huerto, por lo que no nos faltaban verduras durante todo el año. Por Navidad, comíamos sopa, 'porcella', turrón y 'neules'. También pavo, que iba a comprar mi padre a La Porta de Sant Antoni. Luego, lo cuidábamos varios meses para que creciera sano y fuerte".

"Recuerdo que mi padre iba al Castell de Bellver a recoger 'llentriscle', que después le daba con coñac al pavo. Así, la pechuga era más sabrosa", subraya.

La relación de Calleja con la Navidad va mucho más de allá de la gastronomía: "En mi casa, éramos seis hermanos. Cuando empezamos a tener novias, mi madre fijó el día 6 de enero como sagrado en el calendario. Ese día, para nosotros es una costumbre pasarlo en familia".

"Es algo que empezó mi madre y que ha continuado mi hermana Margarita en su casa situada en la calle Reina María Cristina, enfrente de la Casa del Poble, que era el hogar familiar de cuando éramos niños. El año pasado fuimos más de 40 y este año puede que lleguemos a los 60. Organizamos una gran fiesta donde los pajes y los Reyes dan sus regalos", argumenta. "Mi madre hacía una gran chocolatada. Mi hermana, en cambio, prefiere los roscones", matiza.

Calleja, que se ha llegado a disfrazar de niño Jesús con chupete incluido, recuerda con cariño "unos zancos de madera que regalé a mis hijas Laura e Inés. Los hizo mi hermano Rafael" antes de relatar una divertida historia. "Un día hicimos un belén viviente con las niñas en casa. La que era mi esposa me dijo que faltaba un corderito. Así que me fuí a buscar uno... de verdad y no de peluche. Cuando llegué a casa, nadie daba crédito. El pobre animal, por su parte, se asustó tanto que hizo sus necesidades sobre una moqueta", explica mientras sus ojos transmiten un hermoso brillo de emoción y nostalgia.

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