No es un problema menor

Por las venas de Robert Sarver, Andy Kohlberg, Steve Nash, Maheta Molango, Iván Campo, Alfonso Pérez y algunos más no circula sangre mallorquinista, lo cual no es un problema menor. Es preciso distinguir entre profesionales puros, como son los jugadores o el propio entrenador, o ejecutivos a sueldo porque, sin ir más lejos, el abogado suizo no había gestionado un club de fútbol en toda su vida. Una cosa es la subjetividad de que un técnico o un futbolista pueda ser mejor o peor y otra muy distinta percibir un salario a cambio de ofrecer un servicio indeterminado o para el que el prestador no sirve ni viene avalado por experiencia ni currículum.

Si ya hemos destacado la ignorancia histórica del consejero delegado del Mallorca en su enfoque del espinoso asunto del Lluis Sitjar, la guinda de dicha tarta la pone en el momento en que decide trasladar el caso a un despacho de abogados de Madrid para que estudie las opciones que están a su alcance cuya meta, como ya hemos explicado, no es ni más ni menos que imponer la propiedad del club sobre la del resto de accionistas, asociados entre sí o no. Y, la verdad, hasta que los dueños del Mallorca y sus asalariados no entiendan que esa institución centenaria está siempre por encima de sus títulos de propiedad, esto no tiene remedio.

El fútbol, como deporte que fue, tiene un atractivo que le ha convertido en un fenómeno de masas; pero como negocio que es, no llega al corazón de los aficionados y, tarde más o menos, ha empezado a cavar su propia fosa. El Mallorca, por desgracia, se encuentra en este mismo camino.

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