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Odiseo y su viaje a Ítaca

La película que narra el viaje de regreso de Ulises a su reino en la isla de Ítaca siempre me ha parecido la mejor lección mediterránea del paso de los años y del viaje a la senectud. Cuando escuché a Serrat recitar y a Llach cantar el poema de Kavafis empecé a tener conciencia de mí mismo. Del paso del tiempo y del viaje hacia el final de la vida. Cuando me obligaron a jubilarme, estuve cantando por lo bajo la melodía y la letra que, desde el alma dormida, se había avivado, se había despertado para comprender que, al final, a los mayores ya no nos queda más que terminar el camino. El camino, el viaje hacia el poniente de la vida ha sido analizado, cantado, poemado y llorado por infinidad de pensadores. Todos coinciden en el mismo final. Si aceptamos la propuesta de Kavafis, lo más importante es llegar: Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos nunca vistos antes. Lo verdaderamente importante es el viaje, el camino, la ruta, el sendero hacia el final. No importa ni cómo ni cuándo llegarás. Lo que importa es llegar. Serrat lo musicó leyendo a Machado: se hace camino al andar. Y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Ver la película de Christopher Nolan, permite al espectador entrar en la historia de la cultura griega desde la perspectiva clásica del poeta Homero. El cine enseña a vivir. Recuerdo haber visto la película Ulises del año 1954, con Kirk Douglas en el papel de Ulises, y la bellísima romana Silvana Mangano, en el papel de Penélope. Intenté leer la Odisea de Homero en una edición de los años 70. Pero era tan pesado leer y entender los cánticos que renuncié a la experiencia. Lo siento. Soy lector, pero no puedo con los cantares  y los poemas.

Largo es el camino y cuando llegas al final te parece que ha sido corto en placeres y largo en desdichas. Lo mejor es que cuando te mueres no eres consciente de esa realidad. No te enteras de nada nunca más. En los funerales y en los tanatorios la frase más común es “vivió bien y rodeado de los suyos”. Suele ser cierto cuando se trata de una muerte natural, cumplidos los 80 años y muchos más. En caso contrario el vivo muestra su miedo a la muerte calificando de desgracia, o de putada, el óbito. Vida y muerte se unen en el camino hacia el más allá. Un camino que a veces se ilumina con el sol del mediodía y otras veces se oscurece con una pesada bruma que todo lo oculta.Reflexione, estimado lector, sobre cómo se viene la muerte tan callando el próximo día 12 cuando el eclipse.

Si partimos de un poema, terminemos con una historieta. Era muy jovencito y me impresionó el cómic de Tintín “El Templo del Sol”. Historia del viaje del periodista y sus amigos para rescatar al profesor Tornasol, secuestrado por una tribu inca en los Andes. Cuando son apresados por los incas, les permiten elegir la hora de su muerte. El periodista sabía que habría un eclipse de sol. Y cuando se produjo, dio a entender que él controlaba el sol. Los incas liberan al joven y al capitán Haddock. Les propongo que si el miércoles a las 19:30 horas están viendo el eclipse, y tienen a su lado a algún niño de la familia, les cuenten esta historieta. Seguro que les gustará y les quedará en la memoria. Que así sea.

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