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Operación Barbarroja

miércoles 18 de septiembre de 2019, 05:00h

“Elecciones es el objetivo de la Operación Iván, con la derecha dividida y absolutamente desacreditada y una ultraizquierda con un líder cuestionado y grupúsculos desgajados. Objetivo; lograr dos docenas más de votos, bien de la izquierda populista bien del centrismo liberal desengañado…. La operación Iván, se avecina y el triunfo de un ambicioso político con ella”. Fue en la segunda quincena de junio, cuando este digital recogía dichas frases.

En gran medida se han cumplido esas audaces previsiones que se adivinaban en la mente de un hombre que ha hecho de la lucha electoral una ambición más que un trabajo. El mérito debe reconocérsele, así como la paciencia estratégica para ir venciendo o derrumbando habilidades adversas u opositoras. Todavía no se sabe, a ciencia cierta, si la convocatoria electoral está ya ahí, a la vuelta de la esquina, pero lo cierto es que, si los restos de aquel triunfante podemita no se humilla, Sánchez camina hacia una convocatoria electoral, sumamente deseada. La conducta del ególatra socialista no lo desmiente.

Los pasos que se pueden leer en los digitales dan cuenta de la presión que se está ejerciendo por parte de todos los partidos con voto suficiente, para desembarazarse del san benito de ser el causante de unas nuevas elecciones. Un san benito que no desea ni el primer propiciador de ellas, Sánchez. Acudió a la Zarzuela sin votos cerrados y con la ínfula de que alcanzaría los suficientes, gracias a su «socio preferente» que le salió más gallito de lo esperado. Echó sus redes repletas de responsabilidad ajena hacia los votos de C,s, pero, solamente logró un pequeño roto en las filas de Rivera, amén de un cierto descrédito, que ahora pretende remendar con ofertas banales.

A todo ello, cabría una salida más que decente; la abstención, sin condiciones, de los grupos parlamentarios que le permitirían a Sánchez permanecer en la Moncloa, no se sabe por cuánto tiempo: Responder a la «operación Iván» con la «operación Barbarroja». Dejar que el socialismo gobierne, en solitario y gratis, con los dudosos apoyos de populistas, separatistas, independentistas y demás confluencias antisistema. Y con 123 diputados que pueden estar contemplando como se les aproximan batallas parlamentarias de lo más cruentas.

En alguna medida, esos «valientes» comandados por un plagiador que no da ni una, se pueden ver acorralados, al estilo de la batalla de Kurks, aprisionados por los extremistas navarros cada día más exigentes en sus normas encaminadas a propiciar un Anschluss por parte del País Vasco, con leyes que deberán merecer respuesta del gobierno de la nación sino desea ver desmembrarse el Estado. Y la presidente Chivite, es socialista.

O bien, impedir la pinza de un Stalingrado, propiciada desde Cataluña, que precisa de una victoria en Madrid para seguir manteniendo el fervor catalanista e independentista, para justificar su fracaso político, así como de la nula gestión de una DUI que cada día se queda más alejada del Palau y más exigida desde ANC y Omnium, con sus dirigentes encarcelados, a la espera de sentencia y de indulto. Otro frente éste que no parece gozar de aliados, a la hora de tomar la decisión afirmativa que les exigen desde todos los flancos independentistas, separatistas o populistas. Pero que precisará del asentimiento de una judicatura absolutamente maltratada por esos culpables pedigüeños de salvoconductos liberadores de sus condenas, sean las que sean.

Quizás Sánchez, con su general Zhúkov de cabecera, confía en unas Árdenas que le proporcionen una victoria detrás de las líneas parlamentarias enemigas, propiciando la aprobación de unos presupuestos «sociales». Sin embargo, la rapiña, la acción de respuesta de nacionalistas y coadyuvantes, puede que deje esos presupuestos en un simple esqueleto del cual no penda una sola de las promesas programáticas con las cuales se hartó de hipnotizar al electorado.

La abstención gratis et amore de los grupos parlamentarios propiciaría que Sánchez viviese en la Moncloa al estilo del bunker berlinés, cercado por derechas, izquierdas radicales, separatistas, nacionalistas y populistas, con toda su artillería siempre presta. Es la batalla de Berlín trasladada a los campos de la Moncloa.

Y dejando de lado los días D de la crisis económica que se avecina, del incremento del paro, de la caída del PIB, del descalabro territorial, del derrumbe de las exportaciones, del nulo crédito internacional, de los despilfarros maritales, esa «Operación Barbarroja» con la abstención de populares y socialdemócratas, sin compromiso alguno, sin contraprestación de ninguna clase, aparte de paralizar la planificada convocatoria electoral, abriría el cielo de la carrera de san Jerónimo a un bombardeo constante de propuestas, proposiciones, interpelaciones, mociones de reprobación para todo el gobierno, que, como en Dresde, producirían el desgaste total de una opción ideológica y de un grupo político con su guía a la cabeza, demoliendo por varias legislaturas, ese mantra de la progresía y las falsas políticas sociales, que no son sino una parábola del verdadero objetivo del socialismo español, poder y riqueza para sus regimientos, e impuestos y decadencia para el resto, súbditos de una autoproclamada autoridad moral cual muro ocultador de su absoluta mediocridad.
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