Otro león en las Cortes

Es difícil sustraerse a la expresión de coherencia con su fe y la doctrina que representa, la que mostró el prelado de Roma en su primera visita al Parlamento español. Su rigor y el inequívoco mensaje de restitución caló entre sus señorías, por lo que rompieron en una calurosa y prolongada ovación al término de una alocución de la que todos se apropiaron, en la parte que les interesó. Parecía que sólo habían oído la fracción que reforzaba su posición ideológica, pero todos ensalzaron el discurso al unísono, lo que elevó al Santo Padre a una estatura moral en cuya referencia se querían ver reflejados. A los más de siete minutos de aplausos se sumaron hasta Daoiz y Velarde, los dos leones que presiden la escalinata del Congreso y que Ponciano Ponzano esculpió, representando las mitológicas figuras de Hipómenes y Atalanta.  Una simbología de poder, coraje y resistencia, como avaló el tercer león que ocupó la sede de la soberanía popular.

El discurso de León XIV fue firme, directo y centrado en la ética pública: alertó a los parlamentarios de que "la dignidad humana no puede subordinarse a consensos mudables o al vaivén de mayorías", instando a situar la inviolabilidad de la persona en el centro de toda acción legislativa. Esta dignidad de todos los seres humanos puede, de hecho, entenderse como “infinita” (dignitas infinita), como afirmó San Juan Pablo II en un encuentro con personas que sufrían ciertas limitaciones o discapacidades, para mostrar cómo la dignidad de todos los seres humanos va más allá de todas las apariencias externas o características de la vida concreta de las personas.

Como sucede, casi sin excepción, el tiempo que destinó la clase política presente en el hemiciclo a vitorear al Papa, fue prácticamente el mismo que tardaron en olvidar su mensaje. De la llamada a la concordia en la construcción de un futuro común, en el que no se prodigue la polarización y la confrontación, se pasó sin solución de continuidad a practicar la descalificación mutua y el consabido “tú más”, embarrando tristemente la esperanza de una sociedad que aspira a recuperar el aliento y la confianza en sus representantes. Mientras la izquierda calificaba de hipocresía a quienes desde los gobiernos autonómicos contradicen el mensaje universal del humanista, la derecha recordaba que la sombra de la corrupción sobrevuela la Moncloa y Ferraz, afeando de paso a P.S.  su sonada ausencia en la multitudinaria misa del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, para viajar junto a su esposa y un amplio despliegue de seguridad al festival Primavera Sound, en Barcelona. En este sentido, el verdadero engranaje que permitió el éxito de unas jornadas tan masivas fue el impecable desempeño de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Coordinar el orden de un Madrid blindado con millones de personas en las calles exigió un despliegue sin precedentes de la Policía Nacional, la Guardia Civil y los servicios de emergencias. El balance final fue inmejorable, porque las masivas concentraciones que se están concitando, transcurren con absoluta normalidad y sin incidentes reseñables, demostrando una altísima capacidad logística ante retos de máxima seguridad.

La histórica agenda del tercer Sumo Pontífice que visita nuestro país ha dejado una profunda huella que trasciende lo puramente espiritual, convirtiéndose en un complejo caleidoscopio moral, político y social. Este viaje apostólico ha servido de escenario para proyectar mensajes de calado institucional, pero también para advertir de las perniciosas dinámicas del debate partidista en el país, alentando la expresión pública de una espiritualidad que gana adeptos, ante la carencia de respuestas terrenales perceptibles.

Finalmente, el toque más inusitado y definitorio de la excepcionalidad de esta visita fue la interferencia cultural —y casi providencial— de Bad Bunny. Lo que comenzó como un chascarrillo en redes sociales terminó materializándose en un encuentro privado real en el Santiago Bernabéu. León XIV, conocido por su sensibilidad hacia las expresiones de la cultura contemporánea, recibió al cantante y a su familia. La coexistencia de ambos iconos demostró la vibrante pluralidad de la España actual, donde las oraciones de la mañana, compartidas por miles de fieles, convivieron en perfecta comunión con los mismos jóvenes que, pocas horas después, abarrotaban el Metropolitano de la mano de los ritmos urbanos del siglo XXI.

Ojalá la armonía y unidad que invocó el Papa, también en su periplo por la Ciudad Condal, así como las llamadas previsibles al acogimiento de migrantes y desfavorecidos a los que hará referencia en Canarias, tengan un reflejo evidente en nuestro quehacer diario, para que no sean sólo una expresión pintoresca y una agradable, pero insuficiente, lluvia de verano.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias