Una infraestructura patas arriba

Son Sant Joan: un aeropuerto titánico, desmedido e inabarcable

Pasillo de un aeropuerto con viajeros y pantallas de información
Pasarela que conecta el edificio de aparcamiento con la terminal.

El Aeropuerto de Palma, uno de los más importantes de España, se presenta como un laberinto desafiante para los viajeros que deben atravesar sus vastas instalaciones. Con una extensión de 140.000 metros cuadrados, el trayecto desde el aparcamiento hasta la terminal se convierte en una odisea. Este recorrido, repleto de rampas y pasarelas interminables, se complementa con un bullicioso centro comercial que nunca cierra, lo que convierte al aeropuerto en una ciudad interior donde el pasajero se siente perdido entre tiendas y restaurantes.

El Aeropuerto de Palma ha logrado convertir cualquier viaje aéreo con origen o destino a Mallorca en un auténtico suplicio para miles de viajeros que se ven obligados a recorrer sus enormes instalaciones. No en balde, Son Sant Joan ocupaba en 2001, año de la aprobación de su plan director, una extensión en planta de 86.600 metros cuadrado, que se ha visto ampliada de forma exponencial hasta los más de 140.000 metros cuadrados.

Un pasajero medio que llegue a la instalación en su vehículo particular y le corresponda una puerta de embarque al final del módulo C o del módulo D, caminará alrededor de 1.500 metros y puede tardar alrededor de 35-40 minutos.

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EDIFICIO APARCAMIENTO

La odisea se inicia al entrar con su vehículo en el edificio de aparcamiento, que consta de siete plantas. Si lleva su propio vehículo, sólo podrá estacionar en las tres plantas superiores (5ª, 6ª y 7ª) por lo que deberá subir lentamente de una en una a través de rampas. Las cuatro primeras están reservadas a compañías de alquiler de vehículos u otros usuarios.

Vista del aparcamiento del aeropuerto con espacio para vehículos
Séptima planta del edificio de aparcamiento del aeropuerto, semivacío.

Una vez ha dejado su vehículo, el pasajero medio, cargado de maletas, debe descender, ya sea en los ascensores o en las escaleras automáticas, hasta la planta 4ª, donde está la pasarela que conecta el aparcamiento con el edificio terminal. Allí se encuentra con un enorme vestíbulo en el que muchos años atrás hubo mostradores de facturación. Pero eso forma parte de la historia.

 

Interior del aeropuerto con pasajeros y equipaje en movimiento
Gran vestíbulo del edificio aparcamiento, donde hace años hubo mostradores de facturación.

Ahora el viajero se encuentra con una sucesión de pasillos rodantes que muy a menudo, sobre todo en temporada baja, están desconectadas, lo que obliga a avanzar a pie, arrastrando carritos o maletas por rampas y escaleras. El trayecto conduce el edificio terminal, el más grande, donde se halla la zona de llegadas en el piso más bajo y las salidas en el más elevado. Allí se ubican las oficinas de las aerolíneas, los mostradores de facturación y los filtros de seguridad.

 

Escalera en el interior de un aeropuerto en construcción
Escalera provisional que enlaza la pasarela con el edificio terminal.

Antes de acceder a la zona restringida, sin embargo, puede suceder que el pasajero deba comprar su billete directamente en una aerolínea, o realizar cualquier otra gestión. Siendo el edificio enorme, deambular por él puede resultar complicado y más vale preguntar si uno no quiere verse dando vueltas, perdido en un laberinto. Lo mismo sucede con los mostradores de facturación, que dependiendo de la compañías, puede acarrear muchos minutos de caminata. Suma y sigue.

Superado la nueva zona de control de seguridad, con maquinaria de última tecnología que evita tener que sacar los líquidos y dispositivos electrónicos (tablets y ordenadores) de la maleta, emerge lo más preciado y valioso de todo el descomunal complejo: el centro comercial más grande de Baleares. Tiendas que nunca cierran, ni domingos ni festivos.

Duty free, cafeterías, franquicias de comida rápida, relojerías o pastelerías con ensaimadas configuran un paisaje de consumo constante, con precios elevadísimos. Un bocadillo de jamón serrano se acerca a los 10 euros. Las rutas hacia los distintos módulos están diseñadas para obligar al pasajero, quiera o no, a atravesar las tiendas, entre estantes de perfumes, tabacos y alcohol.

 

Interior del aeropuerto de Mallorca con señalización y viajeros
Vista del interior del aeropuerto de Mallorca, zona de llegadas, sin apenas bancos para sentarse.

El aeropuerto de Palma es, por así decirlo, un pueblo enorme dentro de la capital de la isla, desproporcionado y sobredimensionado, donde el pasajero se convierte en un caminante perdido al que llegar a su avión, lo único que a muchos de ellos realmente les importa, les resulta de una dificultad extrema que requiere andar distancias considerables y gastar tiempo en esa tarea.

 TEÓRICAS MEJORAS

Las obras de ampliación que desde 2022 lleva a cabo el gestor aeroportuario Aena y que tantas quejas han ocasionado entre trabajadores y usuarios, debían transformar las instalaciones y hacerlas más cómodas, ágiles y atractivas. Cuando los trabajos están en su recta final y deben concluir a finales de este año, nada de eso se ha conseguido. Son Sant Joan es un verdadero suplicio y una permanente extorsión para los viajeros. Se diría que cada intervención está pensada para exprimir más dinero y no para beneficiar a los usuarios, algo en lo que Aena es toda una potencia internacional.

Interior del aeropuerto con pasajeros y mostradores de atención

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