Possesió, la

Término que se utiliza para designar a los grandes caserones con enormes extensiones de tierra, en las que podían vivir más de un centenar de personas. Muchas de estas fincas, que constituyeron hasta hace poco, el centro de la vida rural mallorquina, fueron construidas sobre un antiguo poblado talayótico, una villa romana o una alquería musulmana, ya que la pervivencia de núcleos habitados en la Mallorca agraria fue un hecho durante siglos. El senyor o propietario solía vivir en Palma y quien llevaba las riendas de la finca era el capataz. La clastra o patio servía de lugar de trabajo, encuentro y diversión como sucedía durante la época de matanzas. La possesió era como una pequeña aldea, con su parte residencial reservada a los señores, las viviendas de los trabajadores, las instalaciones y establos, los aljibes y una enorme extensión de terreno que estaba vigilada por los garriguers. Hoy en día, buena parte de estas posesiones se han reconvertido en hoteles rurales.

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