Fa una calorada que crema es cul a ses llebres. Eso dicen en mi pueblo cuando hace tanto calor. En Pórtol, mi pueblo, cuando era niño se me pegaban las chanclas de goma sobre el asfalto de la carretera. De hecho, mis recuerdos de la infancia pasan por el calor, el agua del pozo y las fiestas de San Marçal y de la Virgen del Carmen. Aún recuerdo cuando els xirimiers acompañados de los que tocan el tambor, nos despertaban a las 8 de la mañana del día de la fiesta. Empezaban a tocar delante de la iglesia en la actual plaza junto al bar Cas Tord. Y el calor, siempre el calor. Después de comer, cogíamos las bicis y nos íbamos a descubrir carreteras y casas del municipio, y hacía mucha, mucha calor. Tanta que uno de mis amigos de esa infancia padeció una insolación. Lo que hoy llamamos una ola de calor, estuvo una semana en cama. Y desde entonces todas las madres de la pandilla nos obligaban a llevar puesto un sombrero.
Hoy siguen las olas de calor. Ahora están muy estudiadas. Por un lado, porque en verano causan la muerte de miles de personas en España. En Baleares, el año pasado, murieron 3.560 personas a causa del calor. Este año hasta junio, ya son 2.383 los decesos por esta causa. No son bromas. La segunda causa del interés social y económico de las olas de calor es por las consecuencias negativas que tiene para el turismo. Nuestro pan de cada día. El aumento de las temperaturas está ligado al cambio climático. Pero también con la dejadez de los poderes públicos, que son los responsables de cuidar la salud y la calidad de vida de todos los ciudadanos que residen en las islas y de los turistas que nos visitan. El aumento de solo 2 grados en la temperatura cuando se llegan a los 35 se considera peligroso para las personas y para los animales de compañía. Cosa que muchos propietarios de perros y gatos no saben. No hay datos de muertes de estos animales por calor en los pisos en los que habitan. Sería interesante que los veterinarios publicasen un estudio. El calor afecta a las personas y a los turistas, pero también afecta a la posidonia. Si muere la posidonia, las aguas de las playas y calas de Baleares dejarán de ser azules y transparentes como el agua potable. Morirán muchos peces, que son el deseo de la pesca recreativa y de los que se sumergen en el mar con careta. El calor aumenta el riesgo de incendios, porque no se han cuidado los bosques, no se ha retirado la hojarasca y los yerbajos se han secado. Si hay incendios, se provoca una bajada de turistas en las zonas afectadas. Y un incendio en cualquier isla afecta a toda la demanda. Hace calor y es noticia. Tanto que, en los medios locales y nacionales, ocupan el 20% de las noticias de cada día. Noticias negativas que llegan a los medios de los destinos que compiten contra Baleares. Estos aprovechan la mala noticia del calor para hacer campaña contra Baleares. Para eso cobran de las empresas hoteleras y turísticas de sus respectivos países. Pero hay más. Si aumenta el calor, entre las 12 y las 17:00 horas no se puede salir a la calle. Lo que provoca el frenazo de cualquier actividad productiva como excursiones, visitas, compras, etc.
Soluciones las hay. La Red de Ciudades por el Clima estudia las mejores propuestas climáticas para cada municipio. Sabemos que el 50% de las personas entre los 15 y los 65 años, sufrían una ola de calor; el 1% morirá en alguno de los dos días consecutivos en que la temperatura rebase los 42 grados. Eso dicen los estudios de HCI, que en inglés es el índice de calor que analizan los médicos y hospitales. Para Palma, ya se han hecho varios estudios sobre la denominada isla de calor, que se registra en los barrios del centro, avenidas hacia el mar. En todo caso, agua fresca, abanico y sombra, mucha sombra. Ya se sabe que al sol…





