Resaca y bostezos en el Parlamento balear

Después de una pila de años en el asunto, este semana me he enterado de que el patrón de los periodistas y los escritores es un tal San Francisco de Sales. Dicen que es nuestro patrón porque era un tipo culto, trabajador, buena persona e ingenioso. Relatan que imprimía octavillas que distribuía de noche a escondidas para convertir a los protestantes que se habían apartado de la Iglesia de Roma. De tan bueno que era —siempre se le representa sonriendo—, cuentan que cuando la palmó le sacaron treinta y tantas piedras de la vesícula biliar, que, de tanto poner buena cara y tragar mierda, al hombre se le habían quedado los adentros como un saco de gravilla. Seguro que es patrón de periodistas y escritores por eso, por lo de comer mierda. Si no son capaces de deglutir una buena ración diaria de excrementos, búsquense otra profesión.

Si prefieren el caviar gratis a la mierda regalada, lo suyo es la política. Estamos a punto de acabar el primer mes de este año 2018. De la Navidad lo único que nos queda es un triste recuerdo en forma de grasa que asoma por la cinturilla de la ropa interior y un abismo insondable en la cartera. Sin embargo, los políticos —o al menos los del Parlamento balear — aún siguen de resaca, con regusto a cava y turrón en el paladar. Supongo que no los echan en falta ni han notado su ausencia, pero el Parlamento sigue chapado. Pedazo de vacaciones se han metido por Navidad. A este paso enganchan con la Semana Santa. Que hay mucho fariseo que no va a misa, pero lo del santoral y las festividades católicas bien que se lo pillan. No se saltan ni una, oigan, no vaya a ser que se confunda el ateísmo con otra cosa, que la Iglesia es mala, tan mala que IB3 le hace una serie de televisión, pero las fiestas de guardar hay que respetarlas. Menudos vivales. Justo es reconocer que no todos nuestros diputados andan haciendo el haragán, que alguno se ha hecho un bolo estos días. Aún así, la cosa anda floja.

Se han marcado alguna comisión aburrida por aquello de que hay que ganarse el sueldo, o al menos aparentar que se gana. Soporífera y tan inútil como unos calzoncillos en un cuarto oscuro ha resultado la comisión de seguimiento del Pacto Educativo de Baleares, que suena a cosa pomposa cuando tiene menos chispa que un chupito de Frenadol. No sé para qué pierden el tiempo sus señorías con la Educación. No nos engañemos, jamás se van a poner de acuerdo. Aquí sólo importa cuantas horas se imparten en catalán y cómo los jarrais de las camisetas verdes le pueden comer el tarro a los chiquinines de forma impune. Que los resultados académicos de nuestros críos sean deprimentes es lo de menos. Se ha dejado caer por ahí el mandamás de la Filología de la Universidad de las Islas Baleares para pedir que haya más catalán en las escuelas frente a la «hegemonía» del castellano. Nada nuevo, es lo que tienen cuando las neuronas patinan con tanto Pompeu Fabra y no te sacan del discurso de la inmersión lingüística, que más que sumergir lo que vamos a conseguir es ahogar a los pobres niños. Que suspendan y sean paletos, pero en catalán. Qué aburrimiento, siempre con lo mismo. Esto está más visto que el coño de la Sharon Stone en Instinto básico.

En medio de esta orgía de bostezos parlamentarios el que se ha manifestado sin ouija ni nada ha sido el defenestrado Biel Barceló. El exvicepresidente del Gobierno balear ha anunciado que después de darse un tiempo para reflexionar va a seguir como diputado hasta el final de la legislatura. El acta es suya y puede hacer lo que quiera, no seré yo quién le juzgue por ello. La decisión de Barceló demuestra que el nivel de estrés en el Parlamento es nulo. Si le place va a poder tocarse la entrepierna con ambas manos y fruición onanista lo que le queda hasta mayo de 2019. Es una forma de hablar, no quiero decir que Barceló se vaya entregar de forma literal al entretenimiento solitario. El Parlamento va a estar para tocarse a solas, echarse una siesta-tabardillo como Montse Seijas o hacerse una partidilla del Candy Crush a lo Celia Villalobos.

Sopor, es la palabra, que rima con horror y con Topor, como el apellido de la Marcela, que dicho así suena a señora de pueblo, con refajo y mantilla, aunque es la muy internacional esposa del cabezamocho Puchimón. Otro tío aburrido. Qué puto pesado. Una amiga catalana me llama por teléfono y me dice: «miedo me da lo que escribas esta semana con Puigdemont dando vueltas por Dinamarca». Pues no, paso de él, que un plasta. Por mí, como si se va a Soweto a que le enseñen lo que es vivir chungo de verdad. Que vaya a allí y les explique a los morenos que sus colegas flamencos son los herederos de León Degrelle, gente simpática que se parece mucho a los afrikaaners que tan buena vida le dieron a los negritos sudafricanos.

El buenazo de San Francisco de Sales va a tener que obrar milagros varios desde los cielos para que los periodistas nos animemos. Estoy por ponerle una vela a ver si consigue que un conseller que lleva dos meses dándome esquinazo se deje entrevistar. Miren que lo quiero, que es un habitual de la sección, pero ni por esas... A mi San Francisco no le pido nada para los escritores porque si lo del periodismo está jodido, lo de escribir libros y publicarlos ni les cuento. Guardo en la recámara algunas ponzoñas sobre la cuestión que me gustaría contarles. Ya habrá tiempo, esas son otras historias...

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias